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Bioinvasiones, el ataque de las especies exóticas
 
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 BIOINVASIONES Imprimir Enviar Guardar
 
  El castor es una de las especies características en las bioinvasiones de hábitats distintos al suyo.

Los organismos invasores son especies de animales o plantas no autóctonas capaces de ocupar ecosistemas que normalmente no constituyen su hábitat natural. La introducción de especies exóticas –no nativas– con capacidad invasora es actualmente un grave problema a escala mundial. Se trata de una revolución biogeográfica de consecuencias imprevisibles.

Las diversas especies pueden moverse de un ecosistema a otro, aunque a menudo encuentran serias dificultades para establecerse en el ambiente del cual no son autóctonas, pero cuando lo hacen pueden resultar devastadoras para las comunidades que habitan en él. En la península Ibérica es bien conocido el caso del visón americano (Mustela vison), que se cría en granjas para el aprovechamiento de su piel y que en algunas ocasiones se ha escapado y dispersado por los bosques próximos a las riberas de los ríos. La presencia del visón americano es una de las causas de la regresión del autóctono visón europeo (Mustela lutreola), con el que compite por el espacio y el alimento. La expansión del visón americano, que cría más rápido y es de mayor tamaño y más agresivo, supone una amenaza para la conservación del visón autóctono.

En algunas ocasiones, el impacto de la especie alóctona no tiene por qué ser negativo para las autóctonas; por ejemplo, de las veinticuatro especies de vertebrados introducidas en Chile, dos de ellas han contribuido notablemente a incrementar la oferta alimentaria de algunos predadores locales, gracias a lo cual sus poblaciones han aumentado.


LOS INVASORES DE LA NATURALEZA
De forma natural, las especies emigran en busca de nuevos espacios y algunas disponen de mecanismos para realizar travesías de gran envergadura; por ejemplo, los frutos del mangle (Rizophora mangle) pueden mantenerse varios meses flotando en el agua del mar sin perder su capacidad de germinación. La actividad humana ha acelerado este proceso facilitando que muchas especies superen las barreras ecológicas que las mantenían en un espacio determinado. Los ecosistemas aislados, como islas, cuevas o cimas de montañas, son especialmente vulnerables a la introducción de especies exóticas porque han evolucionado en ambientes relativamente libres de predadores o competidores. En este sentido, la arribada accidental en la década de 1950 de la serpiente arborícola marrón (Boiga irregularis) a la isla de Guam, en Micronesia, afectó de tal forma a las poblaciones de aves, murciélagos y reptiles que en la actualidad en los bosques de la isla solo quedan tres especies de vertebrados nativos. La introducción en la isla de las presas naturales de esta serpiente con el fin de disminuir la presión sobre la fauna local fue un fracaso, ya que las presas que habían coevolucionado con la serpiente eran capaces de mantener unas poblaciones estables debido a los mecanismos de defensa y conductas de escape que habían desarrollado. Esta serpiente arborícola siguió alimentándose de las presas nativas, mucho más fáciles de capturar, hasta extinguirlas.

Las especies invasoras suelen tener una gran capacidad de reproducción que, además, se ve favorecida por la falta de limitaciones que impondría el nuevo hábitat si hubieran evolucionado en él. En el reino vegetal, la mayoría de las especies invasoras se halla en unas pocas familias: las papaveráceas, las quenopodiáceas, las amarantáceas, las brasicáceas, las poligonáceas, las fabáceas y las poáceas.


LOS CAMINOS DE LAS BIOINVASIONES


Las bioinvasiones están directamente relacionadas con las principales vías de transporte utilizadas en el comercio nacional e internacional. A lo largo de la historia, este fenómeno se ha ido repitiendo en multitud de ambientes. Las grandes empresas colonizadoras no trasladaron solo a humanos, sino que también incluyeron infinidad de otras especies en sus cargamentos. Algunas islas estratégicas en las rutas de los colonizadores quedaron totalmente transformadas en este sentido.

En la actualidad, el transporte de mercancías en grandes contenedores metálicos es la opción más habitual en el comercio marítimo y terrestre. Estos contenedores pueden permanecer apilados en puertos y almacenes durante muchos días, facilitando la instalación de pequeños animales y plantas en su exterior o incluso en el interior. Como los contenedores no suelen abrirse hasta alcanzar el lugar de destino, algunos de estos organismos llegarán a ese destino conservando su capacidad de perpetuación. Esta forma de invasión es frecuente en insectos, semillas y gasterópodos (caracoles y babosas).

Otro medio de invasión muy útil para organismos acuáticos es el agua de lastre. Se trata del agua que utilizan los barcos para obtener una flotación óptima. Dependiendo de la carga que debe transportar se bombea más o menos agua hacia el interior de la embarcación y, posteriormente, se devuelve al mar en un lugar distante del punto de recogida.

El transporte aéreo es otra vía de invasión muy rápida. En la actualidad, más de 2.500 millones de personas al año se trasladan de esta forma. Muchas de ellas padecen algún tipo de infección, con lo cual ayudan a dispersar los agentes patógenos (virus, bacterias) por todo el mundo de forma rápida y regular. Incluso los mosquitos pueden sobrevivir en las cabinas de pasajeros durante los vuelos internacionales y transmitir luego enfermedades tan peligrosas como la malaria.

Las grandes infraestructuras destinadas al transporte marítimo-terrestre, como canales, autopistas o vías férreas, son otras de las rutas que siguen los organismos invasores. Hoy en día más de 300 especies procedentes del mar Rojo se encuentran en aguas del Mediterráneo como consecuencia de la construcción del canal de Suez.


LOS ECOSISTEMAS AGRÍCOLAS
La agricultura es una de las actividades que facilitan determinadas bioinvasiones. Los cultivos son ecosistemas muy homogéneos y simplificados donde las especies cultivadas pueden resultar muy vulnerables a nuevos parásitos con los que no han estado nunca en contacto. El desastre causado por la filoxera a finales del siglo XIX es un ejemplo de la virulencia que puede alcanzar un parásito exótico. La filoxera (Phylloxera vastatrix) es un insecto parecido al pulgón, originario de la cuenca del Mississippi, donde se alimenta de las partes aéreas y subterráneas de las vides silvestres, que soportan perfectamente su ataque, por lo que se la considera un parásito benigno. Cuando llegó a Europa, con la importación de vides americanas, su ciclo biológico cambió ligeramente, y se desarrolló sobre todo en las raíces de las vides (Vitis vinifera), que eran muy sensibles en su parte radical. Por este motivo, la filoxera generaba en ellas una degeneración que las conducía a la muerte en un breve período de tiempo. Entre 1860 y 1910 las vides europeas quedaron diezmadas y su variedad silvestre, precursora de todas las variedades que se cultivaban hasta la fecha, está hoy en día a punto de extinguirse.

El cultivo de especies exóticas implica la modificación de paisajes y la lucha contra especies autóctonas consideradas malas hierbas. Sin embargo, algunas especies de interés agrícola se han convertido en una plaga en lugares donde se ha estimulado su cultivo. En otros casos, la especie exótica ha venido acompañada de sus enemigos naturales, que han llegado a convertirse en plagas de otras especies de la zona.


GANADERÍA Y FAUNA SALVAJE
En la ganadería se producen efectos muy parecidos. Las mismas especies ganaderas se pueden considerar exóticas en la mayoría de los continentes. Estas especies compiten por el alimento con la fauna salvaje, y algunos de sus posibles depredadores han sido eliminados por el ser humano. Además, el ganado puede transmitir enfermedades nuevas o exóticas según su procedencia y, a menudo, la introducción de ganado implica la entrada de especies forrajeras y otras asociadas a estas. Nueva Zelanda, por ejemplo, ha estado separada del continente australiano durante millones de años, por lo que el 89% de su flora era endémica y ha evolucionado en ausencia de grandes herbívoros. La introducción de ganado europeo en el siglo XIX transformó radicalmente la vegetación de la isla. En la actualidad, los prados están formados exclusivamente por unas pocas especies de tréboles y poáceas de origen europeo. Además, algunos arbustos acompañantes como las zarzas (Rubus sp.) o las aliagas (Ulex europaeus) se expandieron por todo el territorio y desplazaron a la vegetación autóctona. La misma situación se produjo con la llegada del conejo traído por los colonos, que desembocó en una población de centenares de millones a causa de la ausencia de depredadores. Esta expansión se intentó frenar con la introducción del zorro (Vulpes vulpes), que no tuvo el éxito que se esperaba, ya que generó una reducción en la población de marsupiales, poco preparados para resistir la presión de este tipo de predador.

EXPLOTACIONES FORESTALES
Las explotaciones forestales constituyen otra vía de invasión. En España se utilizan más de veinte especies arbóreas exóticas en las plantaciones y más de la mitad de ellas ya se han asilvestrado. Muchas plantaciones forestales se realizan con especies exóticas por su rápido crecimiento. Este es el caso de los eucaliptos australianos, que en zonas templadas y tropicales se destinan fundamentalmente a la obtención de pasta de papel. Por lo general, las plantaciones de eucaliptos implican la tala previa del bosque autóctono. Además, las especies forestales exóticas pueden portar consigo alguna plaga capaz de dispersarse en el nuevo entorno, como sucedió con la procesionaria del pino (Thaumetopoea pityocampa), que llegó a Europa con los pinos americanos de crecimiento rápido y tronco recto, y que ha hecho estragos en los pinos europeos.

LA ACUICULTURA
Otra actividad que contribuye a la dispersión de especies exóticas es la acuicultura. Las piscifactorías y la mayoría de los cultivos acuáticos se están extendiendo en todo el mundo. Las especies que se crían también suelen ser exóticas en muchos países y la invasión suele producirse por falta de contenedores adecuados o porque estas especies simplemente se dejan en libertad en ríos o lagos para que proliferen. La cría de gambas, por ejemplo, se expande por América Latina y conlleva la destrucción de valiosos hábitats costeros.

BIOINVASIONES Y BIOTECNOLOGÍA
El intercambio de material genético entre organismos gracias a la biotecnología puede dar paso a otra forma de invasión de efectos todavía desconocidos. Muchos organismos transgénicos ya se están cultivando en el campo. Se prevé que algunos de ellos podrían cruzarse con poblaciones silvestres de la misma especie, con lo cual el material genético que contienen de forma artificial se dispersaría por el ecosistema.

ECOLOGÍA DE LAS BIOINVASIONES


Las especies invasoras suelen ser de carácter oportunista o pionero, es decir, con gran capacidad para desarrollarse en hábitats alterados, y, por tanto, suelen ser las primeras en llegar a un espacio nuevo cuando la flora y la fauna del lugar han desaparecido o están en proceso de regresión. Muchas de ellas han desarrollado la capacidad de producir un gran número de unidades de dispersión relacionadas con la utilización de ciertos medios de transporte (aire, agua...). En la mayoría de los casos, la invasión se debe más a las transformaciones provocadas por los humanos en la estructura de los ecosistemas originarios que al simple transporte de diásporos.

En la actualidad, las especies potencialmente invasoras se encuentran en una situación privilegiada debido a que los ecosistemas están muy alterados y cada vez existen menos fronteras. Los ambientes urbanos representan la culminación en la transformación de un ecosistema, y en ellos la flora y la fauna locales han sido drásticamente alteradas. La flora que crece de manera espontánea dentro de los cascos urbanos suele englobar un porcentaje elevado de especies exóticas que no se encuentran en las inmediaciones de la ciudad.

Por otro lado, algunas especies invasoras suelen presentar mecanismos fisiológicos más eficientes que los de las especies locales, con lo cual adquieren grandes ventajas a la hora de competir por los recursos. Este fenómeno se ha observado en la isla Reunión, en el archipiélago de las Mascareñas, donde el conjunto de plantas invasoras presenta una mayor capacidad de fijación del dióxido de carbono y una actividad fotosintética superior a la de la flora local.


PELIGRO PARA LAS ESPECIES AUTÓCTONAS
Uno de los efectos más evidentes de la invasión de especies exóticas es la desaparición de las especies locales. Este suele ser un proceso de competencia en el que una especie es sustituida por otra. Los animales con más tradición histórica en cuanto a invasiones ligadas a la actividad humana son las ratas europeas (Rattus rattus y Rattus norvegicus). Capaces de sobrevivir en las bodegas de los barcos, estos animales han realizado las mismas travesías que los grandes exploradores, dispersándose así por infinidad de islas donde carecían de predadores y convirtiéndose en una plaga para la fauna autóctona. En algunas islas del Caribe se introdujo la mangosta (Herpestes auropunctatus) con el fin de controlar la población de ratas, pero esta especie se especializó en capturar reptiles y aves de la fauna local, con lo cual aumentaron aún más las pérdidas de especies autóctonas.

Uno de los casos más flagrantes de aniquilación de especies locales se ha producido en el lago Victoria, en África. Con la intención de mejorar la oferta piscícola de los habitantes de las orillas del lago, se introdujo en la década de 1950 la perca del Nilo, un pez predador de otros peces que puede alcanzar 2 m de longitud. La pesca con artes tradicionales no era apta para la captura de este tipo de pez, por lo que solo algunas empresas instalaron la tecnología adecuada y destinaron el producto a la exportación. Sin embargo, la perca del Nilo eliminó a más de la mitad de las especies autóctonas del lago y la población local no cuenta en la actualidad con los recursos que antaño les hacían autosuficientes.

Muchas especies invasoras son parásitas; sin embargo, el nuevo huésped no ha desarrollado defensas para contrarrestar el daño que puede producirle dicho parásito: los efectos ecológicos son alarmantes. La mariposa de los geranios (Cacyreus marshalli), originaria de Sudáfrica, tiene poca incidencia en los geranios silvestres de este país, pero hace algunos años, cuando llegó a Europa, sus larvas arrasaron todas las variedades de geranios ornamentales.


PROPENSOS A LAS BIOINVASIONES
Algunos ambientes como los ambientes acuáticos generados por desagües y alcantarillados se encuentran empobrecidos en especies, lo cual posibilita la incorporación de otras nuevas sin que el ecosistema se vea afectado por ello. Tal es el caso de las comunidades piscícolas que habitan estos ambientes en América del Norte compuestas por especies procedentes de colonizaciones de peces exóticos. Este mismo fenómeno se ha observado en ocasiones en ambientes más naturales, como son los ríos de la isla de Martinica, en el Caribe que han sido invadidos por el gasterópodo Thiara granifera sin que se haya observado ningún efecto en la fauna acuática.

Los hábitats fragmentados suelen favorecer las bioinvasiones, ya que se reduce la posibilidad de dispersión de las especies nativas y se abren espacios aptos para ser colonizados por especies nuevas. En este sentido, la hormiga argentina (Linepithema humile) es una especie invasora común en las costas del sur de California. Se han observado cuarenta hábitats costeros diferentes que contenían más de siete especies de hormigas nativas distintas. En cada uno de dichos ambientes, cuando se encuentran fragmentados y son invadidos por la hormiga argentina, el número de hormigas nativas se reduce a dos especies. Otro ejemplo se produce en los bosques del oeste de Estados Unidos: los que están mejor conservados contienen un 1,5 % de plantas exóticas, pero pueden llegar hasta el 25 % cuando se trata de bosques fragmentados o que han sufrido alguna perturbación.

Desde el punto de vista genético, el incremento de conectividad entre zonas alejadas puede conducir a que poblaciones de especies emparentadas que se encontraban separadas puedan cruzarse con facilidad y dar lugar a especies híbridas que, en ocasiones, tienen éxito en su perpetuación. Este es el caso de la poácea híbrida Spartina townsendii que coloniza el litoral atlántico europeo.


EFECTOS SOBRE LA ECONOMÍA


Cuando las bioinvasiones constituyen plagas del sector primario –agricultura, ganadería y pesca–, la economía se ve afectada directamente a escala regional o incluso a escala mundial. Se calcula que entre un 20 y un 70% de las malas hierbas e insectos parásitos de los cultivos son especies exóticas. A pesar de que solo un reducido porcentaje de estas constituyen plagas, cuando actúan como tales pueden provocar grandes pérdidas. En California, la mosca de la fruta mediterránea (Ceratitis capitata) ocasionó durante años pérdidas de varios cientos de millones de dólares anuales. Para el conjunto de Estados Unidos se calcula que son más de doscientas las especies que provocan efectos de gran importancia económica en la agricultura. El uso de pesticidas es una práctica habitual para combatir estas plagas, pero las consecuencias a veces tienen el efecto contrario: se ha detectado una fuerte resistencia a los insecticidas en más de quinientas especies, lo cual ha contribuido a acelerar, en muchos casos, la expansión de algunas de ellas.

Dentro del ámbito de la silvicultura destaca el caso de Chile, donde la industria maderera, basada en plantaciones de pino y eucalipto, mueve miles de millones de dólares al año. El problema radica en que, al tratarse de especies exóticas, las plantaciones se realizan a costa de talar el bosque autóctono.

La presencia de especies exóticas invasoras supone un coste económico anual muy elevado. Se estima que, en 2008, la Unión Europea gastó más de 12.000 millones de euros en controlar estas especies y en reparar los daños que provocan.


EL COSTE HUMANO
Los costes económicos que ocasiona un organismo exótico pueden ser enormes cuando este transmite enfermedades a los seres humanos. Las pérdidas por muerte, por disminución de productividad, por gastos médicos y control de plagas pueden ser desastrosas para las economías nacionales. Un simple mosquito de origen asiático (Aedes aegypti) se considera responsable de la epidemia de fiebre amarilla que en 1986 afectó a la región de Río de Janeiro, en Brasil; llegó a Nigeria en 1991; más tarde actuó como transmisor de la encefalitis en Florida y, actualmente, es el principal vector del dengue a escala mundial.

EL COSTE EN LAS INFRAESTRUCTURAS
Además de los costes sanitarios, los organismos exóticos son responsables de numerosos daños en infraestructuras. El jacinto de agua (Eichhornia crassipes) es una planta acuática tropical de crecimiento muy rápido capaz de vivir flotando en el agua. Esta especie propia de América del Sur puede llegar a dificultar la navegación hasta hacerla imposible, obstruye las canalizaciones de regadío, bloquea los canales de drenaje y puede afectar a las turbinas de las centrales hidroeléctricas. El mejillón cebra (Dreissena polymorpha), originario de los mares Negro y Caspio, obstruye las infraestructuras de captación y distribución de agua (depósitos, tuberías, conducciones, rejas, etc.).

PREVENIR, DISMINUIR Y REGULAR


El control de las bioinvasiones requiere poner en práctica las siguientes acciones:

- Erradicar los organismos exóticos de los ecosistemas donde están proliferando.

- Bloquear las vías a través de las cuales se introducen accidentalmente estas especies.

- Evitar las introducciones intencionadas innecesarias.

Las repoblaciones con especies predadoras no son aconsejables, puesto que en muchos casos provocan grandes desequilibrios ecológicos.

Desde el punto de vista ecológico y económico, la mejor estrategia ante un nuevo organismo invasor consiste en actuar con rapidez una vez detectada su presencia, ya que es en los primeros estadios cuando el organismo bioinvasor es más vulnerable y, además, en el momento de llegada del bioinvasor, las poblaciones nativas aún no han sido afectadas. Esto requiere que las entidades implicadas en el control de bioinvasiones presenten una rápida capacidad de respuesta a las predicciones de riesgo que formulan los científicos así como que dispongan de una flexibilidad presupuestaria importante.

El riesgo de invasión que supone la introducción de una nueva especie se puede determinar comparando, por un lado, las condiciones ambientales –clima y suelo– del lugar de origen del organismo invasor con las del lugar susceptible de ser invadido, y, por otro, las características de esta especie en cuanto a preferencias de hábitat, forma de crecimiento, capacidad de respuesta a perturbaciones, sistema de propagación, etc.

Los métodos empleados en el control de estos organismos son diversos y polémicos en cuanto al resultado obtenido o a los efectos secundarios que generan. La caza y las trampas suelen ser útiles para controlar poblaciones de vertebrados, pero a menudo afectan también a la población local. Los biocidas son muy eficaces; sin embargo, con frecuencia presentan efectos secundarios, como el desarrollo de resistencia, incidencia sobre la flora y fauna locales e incluso repercusión en las personas. El control biológico, basado en el uso de enemigos naturales de la especie invasora, se presenta como el método menos agresivo, pero son pocos los casos en los que se consigue erradicar la plaga.

Finalmente, para frenar la amenaza de las bioinvasiones es necesario desarrollar programas de inspección eficaces, educar a la población sobre el riesgo de poseer especies exóticas y establecer normativas que garanticen el control de los organismos susceptibles de convertirse en plagas.


 
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