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Ciudades, la revolución urbana
 
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  El campanario de Nikolai Kirche y los rascacielos de la ciudad de Frankfurt del Main.
Una ciudad es un área geográfica caracterizada por una elevada densidad de población y edificios, dotada de infraestructuras de comunicaciones (ferrocarriles, carreteras, puertos, aeropuertos, cableado de fibra óptica) y en la que predominan las actividades industriales y de servicios (comercio, finanzas, transporte).

Las ciudades forman unidades socioeconómicas con identidad propia y suelen contraponerse a las áreas rurales, en las que predomina un paisaje de campos de cultivo limitados por caminos y salpicados por algunos asentamientos humanos de pequeño tamaño. Por esta razón, vistas desde un avión, las ciudades son fácilmente distinguibles de los espacios circundantes, puesto que muestran una estructura compacta y cuentan con el característico trazado de calles y carreteras que delimitan los edificios de viviendas.


EVOLUCIÓN HISTÓRICA


Los grupos humanos que habitaban la Tierra vivieron durante miles de años de la caza y la recolección, desplazándose de un lugar a otro sin establecerse por mucho tiempo en el mismo sitio. Hace 10.000 años, la población nómada comenzó a cultivar la tierra y consiguió asegurarse los alimentos necesarios para su supervivencia mediante la agricultura, por lo que pudo hacerse sedentaria: esto dio lugar a los primeros asentamientos humanos. Los lugares escogidos para crear estos asentamientos fueron los valles de los ríos, ya que proporcionaban el agua y la tierra fértil necesarios para obtener buenas cosechas. Con el paso del tiempo, la progresiva mejora de las técnicas de cultivo hizo posible la generación de excedentes, lo que propició que la población de cada asentamiento aumentara hasta formar grupos humanos importantes, instalados en poblados de entre 100 y 500 habitantes.

EL ORIGEN DE LAS CIUDADES
Hacia el año 5000 a.C., la agricultura experimentó un gran avance gracias a la aplicación de nuevas técnicas basadas en el regadío, lo que hizo posible un mayor rendimiento de los cultivos en Mesopotamia (valles de los ríos Tigris y Éufrates) y Egipto (valle del Nilo). Con el regadío aumentaron el número de cosechas y la producción agrícola, lo que permitió que una parte de la población pudiera dedicarse a otras actividades. Nacieron así nuevas profesiones, como los artesanos, encargados de elaborar útiles y objetos de uso cotidiano (pan, cerveza, tejidos, pieles, cerámica, joyas); los sacerdotes, dedicados al culto religioso y a la administración económica, y los gobernantes, responsables del control político y militar.

Estos cambios no sólo favorecieron un aumento del tamaño de los asentamientos, sino que también impulsaron el desarrollo de nuevas funciones sociales y económicas que propiciaron su transformación en ciudades. Por ejemplo, surgieron nuevos espacios públicos, como los mercados, en los que agricultores, artesanos y comerciantes intercambiaban sus productos. Además de centros comerciales e industriales, las ciudades pasaron a ser la sede del poder religioso, político y militar, y se convirtieron en núcleos de creación del arte y de la cultura, desempeñando un papel esencial en el desarrollo de las grandes civilizaciones. Por esta razón, el conjunto de transformaciones acontecidas durante este período recibe el nombre de revolución urbana.

Entre los milenios V  y I a.C., las ciudades más importantes albergaron a una población de varias decenas de miles de personas. Entre ellas cabe destacar Menfis, Tebas y Abidos en el valle del Nilo (Egipto); Assur, Babilonia, Bagdad, Eridu, Nínive, Ur y Uruk en Mesopotamia, y Damasco y Jerusalén en el Próximo Oriente.


LAS CIUDADES GRIEGA Y ROMANA
La morfología y la función de las ciudades experimentaron un gran avance con la civilización griega, en la que se distinguen dos tipos de asentamientos: las polis tradicionales, como Atenas y Tebas, que presentaban una morfología irregular, y las ciudades helenísticas, planificadas a partir del s. IV a.C. según unas estrictas reglas urbanísticas que promovían la racionalización de los espacios públicos y el trazado geométrico de las calles. Las polis tradicionales eran herederas de la tradición urbanística anterior a la civilización griega, por lo que el trazado de sus calles se adaptaba a las irregularidades del terreno y era completamente anárquico. No podían distinguirse barrios en función de las clases sociales, ya que la población de cada grupo se distribuía de forma diseminada por toda la ciudad.

El espacio urbano se dividía en tres áreas: una religiosa (la acrópolis), situada en las zonas más elevadas y en la que se construían los templos; otra pública, destinada a las reuniones políticas (ágora), al comercio y al entretenimiento (teatro, estadio, etc.), y una tercera, de carácter privado, en la que se encontraban las viviendas. En la polis los edificios públicos se repartían entremezclados con las casas, pues el irregular trazado urbano impedía su construcción planificada y su agrupamiento en una misma área de la ciudad. El tamaño de las ciudades helenísticas era mucho mayor que el de las polis tradicionales, con calles anchas y de gran longitud, mientras que los edificios civiles y religiosos se adaptaban a la red ortogonal, pero no de manera dispersa, sino en el centro de la ciudad. Alejandría fue la ciudad más importante durante este período, con una población de más de 500.000 habitantes.

El Imperio romano aprovechó las pautas urbanísticas marcadas por el helenismo y la tradición etrusca. De las ciudades griegas tomó la racionalidad del trazado rectangular, insertando a ese trazado dos calles principales orientadas respecto al sol que se cortaban perpendicularmente, el cardo y el decumano. En el punto de encuentro de esas dos vías se situaba el foro, un gran espacio público destinado a usos cívicos, comerciales y religiosos.

Los servicios públicos de las ciudades romanas fueron otra de las grandes innovaciones urbanísticas de este período. Roma, que llegó a albergar a casi un millón de habitantes, fue su ejemplo más representativo:

- Infraestructura de comunicaciones: Mediante redes viarias, puentes, puertos y acueductos, las ciudades romanas eran abastecidas de agua, alimentos y todo tipo de productos. - Servicios higiénicos: Las fuentes proporcionaban agua potable a la población, mientras que las aguas residuales eran evacuadas mediante cloacas situadas bajo las calles. Por su parte, las termas cumplían una doble función higiénica y recreativa. - Edificios destinados a los espectáculos: Los espectáculos públicos quedaban garantizados mediante teatros, anfiteatros y circos.

La ciudad romana, además de albergar a la población y agilizar el intercambio económico, cumplía una función de apoyo al dominio militar, político y administrativo sobre los territorios conquistados. A partir del s. IV, el declive del Imperio romano hizo que sus ciudades y su modelo urbanístico cedieran terreno ante otros núcleos urbanos de Europa y Oriente Medio (Bagdad, Constantinopla, Córdoba, Damasco...).


LA CIUDAD MEDIEVAL
Durante la edad media, las ciudades no llegaron a alcanzar el nivel de planificación y servicios de los asentamientos griegos y romanos, sino que se caracterizaron por una total heterogeneidad, ya que en cada área geográfica el desarrollo urbano presentaba características diferentes. Por lo general, la ciudad medieval se concentraba en el interior de un recinto amurallado, mientras que la red de calles presentaba un trazado irregular con plazas en sus intersecciones.

Los espacios públicos se distribuían en varios puntos: un centro religioso, en el que se edificaba la iglesia, la catedral o el palacio episcopal; un centro civil, en el que se establecía el poder político; un área comercial, en la que se encontraba el mercado y los edificios de los gremios, y varias calles destinadas también al comercio, ocupadas por artesanos y mercaderes en función de su especialidad. La ciudad se dividía en barrios según las clases sociales, de forma que en las proximidades de los centros religioso y civil se establecían los palacios de la nobleza, mientras que, en los arrabales periféricos, habitaban los más pobres .


LA CIUDAD ISLÁMICA
Las principales ciudades creadas por la civilización islámica en el sur de Europa y en el norte de África y Arabia (Bagdad, Samarcanda, El Cairo, Córdoba, Granada, etc.) se caracterizaban por poseer un núcleo central amurallado (medina), en cuyo interior se situaban los edificios religiosos y las calles comerciales (zoco). Alrededor de la medina se distribuían los arrabales, barrios en los que la población se concentraba en función de su profesión o creencia religiosa, y en los que se entremezclaban las viviendas, las mezquitas, los mercados y los baños, separados entre sí por calles muy estrechas y de trazado irregular.

LAS CIUDADES RENACENTISTA Y BARROCA
La superación de las estructuras económicas y sociales del feudalismo favoreció la expansión de las ciudades a partir del s. XVI. En este período, la agricultura dejó de ser el motor del desarrollo urbano, de forma que la industria y los servicios se convirtieron en las principales actividades económicas de la ciudad. El dinamismo urbano ofrecía nuevas oportunidades para la población rural, que emigraba del campo a la ciudad. Ante esta avalancha de población, muchas de las ciudades medievales crecieron más allá de las murallas que las delimitaban, lo que hizo necesaria la construcción de nuevas fortificaciones.

Las comunidades urbanas siguieron creciendo por la inmigración procedente del campo, incluso en períodos de estancamiento de la población, como el que tuvo lugar en Europa durante el s. XVII. La expansión de las ciudades fue aprovechada para reorganizar el espacio interno, ordenando el trazado de las calles de forma más racional, construyendo edificios monumentales (palacios, jardines, plazas, avenidas, etc.) y potenciando los espacios públicos y el centro comercial.


LA CIUDAD INDUSTRIAL
A mediados del s. XVIII en el Reino Unido, y durante el s. XIX en el resto de Europa, la revolución industrial propició el paso definitivo de la ciudad antigua, delimitada por murallas y dedicada principalmente al comercio agrícola, a la ciudad moderna, que se expande sin límites claramente definidos y basa su estructura económica y social en las actividades industriales y de servicios.

El desarrollo industrial, la mecanización de los trabajos agrícolas y el aumento demográfico crearon un excedente de mano de obra en el campo que sólo encontró salida mediante un masivo éxodo hacia las ciudades.

Para dar cobijo a toda esa población, las ciudades tuvieron que construir nuevos barrios residenciales (ensanches), por lo que experimentaron una espectacular expansión superficial. Durante este período se construyeron los barrios obreros, situados cerca de las fábricas y habitados por sus propios trabajadores.


LA CIUDAD ACTUAL
Durante el s. XX, las ciudades siguieron creciendo en todo el mundo y mantuvieron como polos de atracción para la población de las áreas rurales. Sin embargo, la principal función urbana ha dejado de ser la producción industrial, ya que la mayor parte de los puestos de trabajo actualmente en las ciudades se concentran en el sector terciario.

La principal característica de este período es la extensión de las ciudades más allá de los límites establecidos por el continuo urbano de viviendas y edificaciones. Esta expansión se ha debido tanto a la construcción de nuevos barrios residenciales y polígonos industriales en la periferia de las ciudades como al desarrollo de los sistemas de transporte, que facilitan la comunicación entre el centro de la ciudad y esas áreas periféricas. El crecimiento de estos núcleos ha dado lugar a la formación de nuevas estructuras urbanas, cuyas características superan la clásica definición de ciudad. Estas aglomeraciones urbanas o áreas metropolitanas albergan a varios millones de habitantes.


CIUDAD Y TERRITORIO


El rápido crecimiento experimentado por las ciudades de todo el mundo durante los últimos doscientos años ha incrementado las relaciones de los núcleos urbanos con el resto del territorio, dando lugar a una serie de interrelaciones.

FUNCIONES URBANAS
Las ciudades no habrían atraído a la población rural, ni alcanzado la importancia que actualmente tienen en la ordenación del territorio, si no ejercieran alguna función económica o social importante.

En función de la actividad socioeconómica predominante se distinguen las siguientes funciones urbanas:

- Comercial: Las áreas tradicionalmente situadas cerca de vías de comunicación importantes (cruces de caminos, puertos fluviales o marítimos, etc.) han dado lugar a centros de intercambio de mercancías, alrededor de los cuales se han desarrollado ciudades. La función comercial ha estado presente desde el nacimiento de las ciudades, y se ha basado inicialmente en el intercambio de productos agrícolas y, más tarde, en el de materias primas, manufacturas industriales y bienes de consumo. - Industrial: Desde la revolución industrial, las ciudades más importantes del planeta han basado su expansión en esta función. Sin embargo, durante la segunda mitad del s. XX fueron perdiendo peso en las ciudades de los países desarrollados respecto a otras funciones relacionadas con el sector servicios (comercial, turística, etc.), por lo que sus actividades se han desplazado hacia la periferia urbana o hacia las ciudades de los países más pobres. - Turística: Los asentamientos situados cerca de espacios naturales y las poblaciones monumentales atraen a miles de turistas y visitantes, lo que hace necesario ofrecer numerosos servicios relacionados con esta actividad (alojamiento, restauración). - Administrativa: Las sedes de las administraciones públicas se concentran en las capitales de un Estado o una región, hecho que atrae a numerosas empresas financieras a las que les interesa situarse cerca de los centros de decisión. A su vez, la población que trabaja en estos sectores demanda una serie de servicios (alojamiento, artículos de consumo, etc.), con lo que atrae a las empresas y la población que se los proporciona. La función administrativa es predominante en ciudades como Washington o Bruselas. - Religiosa: Algunos asentamientos han sido creados o se han desarrollado gracias a su importancia religiosa. Las ciudades más emblemáticas en este aspecto son los centros de peregrinación, como La Meca, Roma o Santiago de Compostela. - Universitaria: Existen numerosos ejemplos de ciudades que basan su actividad en la existencia de un centro universitario o de investigación relevante, como Cambridge o Salamanca. Estas ciudades atraen a estudiantes, profesores e investigadores y generan una importante actividad económica que, a su vez, sustenta al resto de la población. - Militar: Desde la antigüedad se han creado asentamientos en lugares estratégicos, cuya protección militar aseguraba el control de un territorio. Posteriormente, estos núcleos han evolucionado hasta convertirse en ciudades, perdiendo su función originaria.

Las ciudades no suelen ejercer una única función, sino que combinan dos o más, e incluso con el tiempo la actividad principal varía. Por ejemplo, muchas grandes ciudades europeas tienen su origen en la función comercial, pero posteriormente han basado su desarrollo en la función industrial y, en las últimas décadas, han vuelto a tener el comercio como actividad dominante, contando con otras funciones complementarias (administrativa, turística...).


JERARQUÍAS Y REDES URBANAS
Las ciudades y los canales por los que se relacionan (infraestructuras de transporte y de comunicación) forman un sistema en el que las ciudades de mayor tamaño suelen dominar a los centros urbanos menores, ya que ofrecen ciertos servicios especializados (administración, investigación, etc.) y ejercen algunas funciones con las que esos otros centros no cuentan.

En función de estas características es posible determinar, dentro del sistema mundial de ciudades, una jerarquía urbana en la que los centros mayores condicionan la evolución económica, social y cultural de los núcleos secundarios. Según la extensión de sus relaciones y la importancia de sus actividades, el área de influencia de cada ciudad puede variar desde una escala comarcal hasta la globalidad del planeta.

Dentro de la jerarquía urbana, cada ciudad puede clasificarse en tres grupos a partir de su tamaño:

- Ciudad principal: Concentra una amplia variedad de actividades y extiende su influencia sobre el resto de las ciudades de la red urbana, con lo que se sitúa en la cima de la jerarquía urbana. - Ciudad media: Depende de la ciudad principal para algunos servicios especializados, pero al mismo tiempo ejerce la función de centro regional, de forma que las ciudades de orden inferior situadas en su área de influencia dependen de ella. - Ciudad de orden inferior: Engloba a los diversos núcleos urbanos de menor tamaño que dependen de las ciudades principales y medias para la satisfacción de numerosas necesidades. Se incluyen en este grupo las ciudades satélite y las ciudades dormitorio, cuya población se desplaza diariamente hasta la ciudad principal para trabajar.


TIPOS DE CIUDADES


Los núcleos urbanos pueden clasificarse a partir de diversas características (tamaño, forma, emplazamiento, función, etc.). Sin embargo, la combinación de todas ellas y su evolución temporal permiten distinguir tres clases de ciudades: preindustriales, industriales y postindustriales.

CIUDADES PREINDUSTRIALES
La actividad social y económica de la ciudad gira en torno a la agricultura, bien porque la mayor parte de la población trabaja en este sector, bien porque el comercio y la industria se encuentran relacionados con la producción agrícola. Pertenecieron a este grupo hasta la revolución industrial, todas las ciudades, e incluso actualmente numerosos núcleos urbanos de los países menos desarrollados pertenecen a este grupo.

Las ciudades preindustriales se caracterizan por su emplazamiento en lugares elevados para dificultar el acceso y controlar el territorio circundante. Además, poseen una muralla defensiva que rodea toda la ciudad, limitando el acceso a su interior mediante un número limitado de puertas. En el interior de la ciudad, las calles son estrechas y de trazado irregular, y separan viviendas de uno o dos pisos de altura que dejan ver los edificios más importantes (iglesias, templos, palacios...).

La población suele distribuirse por grupos sociales, étnicos o profesionales, aunque la configuración compacta de la ciudad permite el fácil acceso a los diferentes barrios. Junto a la función agrícola dominante, estas ciudades presentan actividades complementarias, como la industria artesana o el comercio, y funciones secundarias, como la religiosa y la administrativa.


CIUDADES INDUSTRIALES
La revolución industrial dio inicio a un período de expansión de las ciudades, de forma que, durante el s. XIX y la primera mitad del XX, el espacio urbano se extendió hacia áreas rurales y poblaciones periféricas. Con el tiempo, ese crecimiento ha dado lugar a la formación de áreas metropolitanas que, cuando se encuentran próximas entre sí, configuran una gran región urbana (megalópolis). Un ejemplo de este proceso se encuentra en la costa Este de Estados Unidos, donde las áreas metropolitanas de Boston, Nueva York, Filadelfia y Washington forman un continuo urbano de más de 600 km de longitud.

CIUDADES POSTINDUSTRIALES
Desde la segunda mitad del s. XX, la automatización de la industria en los países más desarrollados ha reducido la mano de obra en este sector, mientras que la oferta de puestos de trabajo ha aumentado en los sectores terciario y cuaternario. Simultáneamente, la expansión urbana experimentada por las ciudades industriales ha provocado un fuerte aumento del precio del suelo y un deterioro de las condiciones de habitabilidad en el centro de la ciudad (contaminación, delincuencia, etc.). Este proceso favorece que algunas actividades económicas como la industria se desplacen hacia la periferia, así como también la población busca espacios periféricos más baratos y menos contaminados para vivir. En consecuencia, las ciudades postindustriales experimentan una disminución del peso demográfico, tanto del centro como de la periferia, respecto a otros núcleos urbanos próximos que no forman parte del área metropolitana.

Sin embargo, esta pérdida de habitantes permite disminuir la densidad de población en los centros urbanos y recuperar espacios para usos recreativos (parques, plazas, áreas deportivas, etc.) o culturales (museos, universidades, bibliotecas, etc.). La elevada concentración de puestos de trabajo en los sectores terciario y cuaternario determina que las ciudades postindustriales se caractericen por una elevada concentración de oficinas, universidades y laboratorios de investigación, que albergan a una población con diferencias sociales cada vez menos pronunciadas.


EL ÁREA METROPOLITANA: UNA CIUDAD-REGIÓN


Las áreas metropolitanas son ciudades de gran tamaño que concentran un elevado número de funciones económicas, sociales, políticas y administrativas, y que extienden su influencia hacia otras poblaciones cercanas. En el área metropolitana, toda la población depende en algún aspecto de la ciudad central. Puesto que estas aglomeraciones urbanas comparten características comunes sobre un área geográfica extensa, son consideradas como una ciudad-región.

Pese a que el tamaño y la población de un área metropolitana varían extraordinariamente de un país a otro, e incluso dentro del mismo país, existen características comunes que la definen:

- Ciudad central: Existe una aglomeración urbana principal que concentra la mayor parte de las funciones económicas y administrativas del área metropolitana, pero no necesariamente a la mayoría de la población. Por ejemplo, la ciudad de Frankfurt del Main (Alemania) apenas tiene 700.000 habitantes, pero ejerce la función de núcleo principal de un área metropolitana con una población total de 2,5 millones de habitantes. En este núcleo urbano se encuentra el centro financiero y comercial del área metropolitana (CBD, Central Business Distric, o distrito central), que agrupa a las oficinas principales de las empresas más importantes. - Área de influencia: Las ciudades centrales se extienden más allá de los límites municipales, formando un continuo de edificaciones urbanas que absorbe las funciones administrativas, políticas y comerciales de las poblaciones próximas. - Proximidad de los núcleos urbanos: La ciudad central y las poblaciones que se encuentran en su área de influencia deben estar muy próximas entre sí, y el espacio que las separa urbanizado. Las poblaciones cercanas al núcleo central mantienen con él una relación de dependencia, lo que produce un movimiento migratorio pendular de la población, que trabaja en el centro y reside en la periferia. - Actividad económica: En el área metropolitana, la mayor parte de la población está empleada en actividades industriales o de servicios. Por ejemplo, en Estados Unidos una ciudad y su área de influencia sólo son consideradas área metropolitana cuando un 75 % de la población trabaja en actividades no agrícolas. - Red de transportes: Para garantizar las relaciones económicas y los desplazamientos de población entre la ciudad central y su área de influencia, el área metropolitana cuenta con un completo sistema de comunicaciones y con una infraestructura muy desarrollada de transportes colectivos (autobús, metro, ferrocarril de cercanías, etc.) o privados (red viaria).

El dinamismo de las áreas metropolitanas provoca que sus límites físicos y administrativos no suelan coincidir. Mientras que la frontera administrativa de una ciudad permanece sin variación durante mucho tiempo, en pocos años el crecimiento urbano puede alcanzar los municipios vecinos y formar un continuo urbano más extenso. Para resolver esta discrepancia se crean organismos en los que se integran los municipios que forman el área metropolitana. Estas instituciones se encargan de gestionar los servicios comunes, como transportes, agua, electricidad, residuos...


 
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