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Clima, condiciones atmosféricas de un lugar
 
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El clima es el conjunto de condiciones atmosféricas que caracterizan a un determinado lugar o región. Para definir el clima es necesario conocer los valores medios de los diferentes elementos que lo componen (precipitación, temperatura, humedad, nubosidad, vientos, etc.) durante un largo período de tiempo. Según la Organización Meteorológica Mundial (OMM), este período ha de tener una duración mínima de treinta años. No debe confundirse el clima, que es un promedio de los valores atmosféricos registrados en un mismo lugar durante largo tiempo y estudiado por la climatología, con el tiempo, que se refiere al estado de la atmósfera en un lugar y un momento determinados y que es objeto de estudio de la meteorología.

ELEMENTOS DEL CLIMA


Son los componentes que caracterizan el clima de cualquier punto de la superficie terrestre: temperatura, precipitación, humedad, viento, presión atmosférica, nubosidad e insolación.

TEMPERATURA
La radiación solar que llega a la Tierra determina la temperatura de la superficie terrestre. Constituye el elemento climático más importante para los seres vivos.

La temperatura se mide en grados de la escala Celsius o centígrada (°C), en la que 0 °C corresponden al punto de congelación y 100 °C al de ebullición del agua. En Estados Unidos y otros países anglosajones sigue empleándose la escala Fahrenheit (°F), que establece el punto de congelación en 32 °F y el de ebullición en 212 °F.

Las temperaturas experimentan grandes variaciones espaciales y temporales. La distribución espacial de la temperatura no sólo varía respecto a la latitud sino que los contrastes entre superficies terrestres y marítimas también son muy importantes. En los océanos, la temperatura es más homogénea debido a que el calor se distribuye mediante el oleaje y las corrientes por toda la masa de agua y a que su elevado calor específico ralentiza los procesos de calentamiento y enfriamiento.

En los continentes, el proceso es completamente distinto. La radiación solar es absorbida en su totalidad por la capa superficial del suelo, que se calienta rápidamente y alcanza una temperatura más elevada que en los océanos. Cuando la insolación cesa, el enfriamiento es igualmente rápido, lo que da lugar a temperaturas más bajas que en la superficie del agua.

Respecto a la variación de la temperatura a lo largo del tiempo, se distinguen dos ciclos naturales: el diario y el estacional.

Durante el ciclo diario, la temperatura varía en cada punto de la superficie en función del número de horas de insolación, y se registran grandes contrastes entre el día y la noche. En general, la insolación se inicia tras el amanecer, al mismo tiempo que empieza un incremento de la temperatura que se prolonga hasta primera hora de la tarde (entre las 14 h y las 16 h), cuando se alcanza la temperatura máxima diaria. Cuando el sol se pone, la temperatura desciende rápidamente y continúa disminuyendo durante toda la noche hasta alcanzar la temperatura mínima diaria durante la madrugada. La diferencia entre las temperaturas máxima y mínima diarias se conoce como oscilación térmica diaria.

Según el ciclo estacional, las diferencias de insolación existentes a lo largo del año producen una variación estacional de la temperatura. Como la duración del día y de la noche en el ecuador es idéntica durante todo el año, la temperatura permanece casi invariable, pero a medida que aumenta la distancia de él aumentan también las diferencias térmicas. La oscilación térmica anual, que es la diferencia entre la temperatura media del mes más cálido y la temperatura media del mes más frío, es inferior a 2 °C en el ecuador y supera los 50 °C en las regiones polares.


HUMEDAD ATMOSFÉRICA
La cantidad de vapor de agua que puede contener el aire varía en función de la temperatura, de forma que una masa de aire muy cálida (40 °C) puede contener hasta diez veces más vapor de agua que otra fría (0 °C). Para cada temperatura, la cantidad de humedad que puede contener el aire tiene un valor fijo, denominado punto de saturación. La proporción de vapor de agua que contiene una masa de aire respecto al punto de saturación recibe el nombre de humedad relativa.

En relación con la humedad conviene conocer el valor de humedad específica, que se define como el contenido total de vapor de agua en una masa de aire, puesto que los cambios de temperatura pueden producir variaciones muy importantes de humedad relativa. Por ejemplo, para una humedad específica de 10 g de vapor de agua por kilogramo de aire, la humedad relativa de un día caluroso (30 °C) será del 35 %, pero si la temperatura disminuye durante la noche hasta 15 °C, alcanzará un valor próximo al 100 %, y si el enfriamiento es un poco mayor, se superará el punto de saturación y el vapor de agua se condensará, formando la niebla o el rocío.

La humedad también influye en la temperatura moderando los valores extremos. Sin embargo, para el ser humano la humedad hace más molestas las temperaturas extremas, ya que impide la evaporación del sudor en los días calurosos de verano y favorece, en cambio, la pérdida de calor corporal durante el frío invierno.


NUBOSIDAD
La condensación del vapor de agua genera nubes que después pueden producir precipitaciones. Además, la nubosidad da origen a otros fenómenos atmosféricos como el rocío o la niebla, y reduce la cantidad de radiación solar que alcanza la superficie terrestre, con lo que disminuye la temperatura.

Las nubes se clasifican en función de la altura a la que se encuentran y según su forma, distinguiéndose en este segundo caso entre nubes estratiformes y cumuliformes. Las primeras se caracterizan por alcanzar un gran desarrollo horizontal, mientras que las segundas se extienden en vertical ya que se forman por el brusco ascenso de burbujas de aire.

Respecto a la altitud en la que se hallan, las nubes se clasifican en varios grupos:

- Nubes medias: Están formadas por gotas de agua y por cristales de hielo, y se sitúan entre 3 y 6 km de altitud. En esta familia de nubes se incluyen los altoestratos y los altocúmulos.
- Nubes bajas: Estratos, nimboestratos, cúmulos y estratocúmulos se forman cerca de la superficie terrestre, y no ascienden a más de 2 o 3 km de altitud. Los estratos, situados a escasa altitud, forman una densa capa de nubes que, cuando producen precipitación, pasan a denominarse nimboestratos. Los cúmulos forman una masa de forma redondeada y pueden alcanzar un gran desarrollo vertical. Finalmente, los estratocúmulos están formados por varias capas de nubes entre las cuales puede distinguirse el cielo.
- Nubes de desarrollo vertical: Cuando existen unas condiciones favorables de inestabilidad atmosférica, algunos cúmulos pueden crecer hasta alcanzar enormes altitudes, situando su cima a 10 km de altitud; en este caso se trata de cumulonimbos. Estas nubes dan lugar a tormentas acompañadas de lluvia intensa y aparato eléctrico.

La niebla es un tipo de nube especial, ya que presenta la peculiaridad de que su base se encuentra en contacto con la superficie terrestre. En su formación intervienen procesos relacionados con la inversión térmica, ya que la existencia de una capa de aire frío en contacto con la superficie favorece la condensación del vapor de agua. Cuando la insolación hace subir la temperatura, la niebla suele disiparse.


PRECIPITACIÓN
La precipitación es, junto con la temperatura, el elemento climático más importante para los seres vivos, ya que proporciona el agua necesaria para su desarrollo. La precipitación se mide mediante aparatos denominados pluviómetros y se expresa en milímetros o en litros por metro cuadrado.

Su mecanismo de formación está relacionado con el ascenso de masas de aire. Cuando el aire cargado de humedad asciende, alcanza el punto de saturación, en el que el aire húmedo se enfría de forma que el vapor de agua se condensa y forma nubes. Las minúsculas gotas de agua existentes en el interior de la nube pueden llegar a unirse entre sí, formando gotas de mayor tamaño que precipitan hacia la superficie terrestre por efecto de la gravedad, lo que da lugar a la lluvia. Si la temperatura del aire es muy baja, la precipitación será en forma de nieve, mientras que los rápidos ascensos y descensos del aire en el interior de las nubes de tormenta permiten la formación de hielo en formas más o menos esféricas: el granizo.

La precipitación se clasifica en tres grupos en función del agente que fuerza el ascenso de la masa de aire:

- Convectiva: El aire asciende espontáneamente en condiciones de inestabilidad atmosférica, es decir, cuando existe una gran diferencia de temperatura entre la superficie terrestre y las capas altas de la atmósfera. En la mayoría de las ocasiones, el ascenso del aire sólo conduce a la formación de pequeños cúmulos, pero si la inestabilidad atmosférica es muy importante, la convección es más activa y la nube crece hasta convertirse en un cumulonimbo, y produce grandes cantidades de precipitación en forma de lluvia o granizo.
- Orográfica: Cuando una masa de aire encuentra un obstáculo montañoso tiene que ascender para evitarlo. Si el relieve tiene la altitud suficiente, el aire ascenderá hasta que su vapor de agua condense y formará nubes que darán lugar a precipitación orográfica. Una vez sobrepasado el relieve, el aire habrá perdido la mayor parte de su humedad, por lo que será más seco y cálido que al principio, y producirá una sombra pluviométrica en la vertiente de sotavento.
- Ciclónica: El mecanismo de formación es similar al de la precipitación orográfica, pero en este caso la que actúa de barrera es otra masa de aire. Cuando una masa de aire cálido avanza hacia otra fría se desliza por encima de ella, y forma nubes estratiformes de escaso desarrollo vertical, con precipitaciones ligeras. En cambio, si el aire frío avanza hacia el aire cálido, es este último el que se ve obligado a ascender bruscamente, lo que da lugar a nubes de desarrollo vertical (cúmulos y cumulonimbos) que producen tormentas y fuertes lluvias. La precipitación ciclónica es característica de latitudes medias y altas, y va ligada a las depresiones que se forman en el frente polar.


PRESIÓN ATMOSFÉRICA Y VIENTOS
El desigual calentamiento de la superficie terrestre produce grandes diferencias de temperatura y, en consecuencia, de presión atmosférica entre áreas geográficas, especialmente entre las latitudes intertropicales y los polos. Donde el aire es más cálido, éste se expande y la presión atmosférica es más baja que en las áreas donde el aire es frío.

El viento comienza a formarse para compensar la diferencia de presión existente entre las áreas de diferente presión. Las masas de aire se desplazan desde los anticiclones hacia las depresiones con una velocidad proporcional a la diferencia de presión existente entre los centros de presión, desviándose hacia la derecha en el hemisferio N, y hacia la izquierda en el hemisferio S, debido a la influencia de la rotación terrestre. Posteriormente, otros factores como el relieve o el rozamiento con la superficie terrestre afectan a la velocidad y la dirección del viento.

Los vientos reciben denominaciones diferentes según su procedencia, su proceso de formación o el lugar por el que circulan. En función de la altitud se distingue entre los vientos de superficie, muy próximos al nivel del mar, y los vientos de altura, que se desplazan por las capas medias y altas de la troposfera. Entre los vientos de superficie más importantes desde el punto de vista climático se encuentran las brisas, los monzones y los alisios.

El viento tiene una gran importancia meteorológica y climática ya que redistribuye el calor entre las diferentes regiones del planeta, traslada masas de aire con características de temperatura y humedad determinadas o suaviza las temperaturas extremas.


FACTORES DEL CLIMA


Los factores del clima son los agentes que condicionan las características de los elementos climáticos en cada lugar de la superficie terrestre.

LATITUD
La energía procedente del Sol que llega a la capa superior de la atmósfera se reparte de forma desigual por dicha superficie terrestre en función de la inclinación de los rayos solares respecto a la superficie. Cuando la radiación llega perpendicularmente a la Tierra, la cantidad de energía recibida es prácticamente constante, con un valor de 1,95 cal/cm 2 cada minuto.

Sin embargo, debido a la forma del planeta, la energía se reparte en función de la latitud. A medida que aumenta la distancia del ecuador, la Tierra forma un ángulo cada vez menor respecto a los rayos solares, y la energía se reparte sobre una superficie mayor, por lo que la radiación disminuye al aumentar la latitud. A su vez, el tiempo de exposición a los rayos solares también varía en función de la latitud debido a la inclinación del eje terrestre, de forma que en el ecuador se registran doce horas de insolación diarias durante todo el año, mientras que en los polos se suceden seis meses de luz continua y otros seis sin insolación.

El ángulo de incidencia de los rayos solares ha sido empleado desde la antigüedad para dividir la Tierra en grandes zonas latitudinales, con características energéticas específicas:

- Ecuatorial: Situada en torno al ecuador, recibe una intensa insolación durante todo el año, debido tanto a la idéntica duración del día y de la noche como a la perpendicularidad de los rayos solares.
- Tropical: Situada entre las proximidades del ecuador y el trópico de cada hemisferio, presenta una elevada insolación aunque se distinguen variaciones estacionales.
- Templada: Incluye dos franjas latitudinales, una en cada hemisferio, situadas entre los trópicos y los círculos polares. La temperatura es intermedia y hay una clara diferencia entre estaciones. Esta zona suele dividirse en dos áreas: la subtropical y la de latitudes medias.
- Polar: Corresponde a las dos zonas localizadas por encima de los círculos polares. Es la que recibe menor radiación solar, pues ésta alcanza la superficie terrestre con una gran inclinación, y también la que registra la mayor variación anual de duración del día y de la noche.


ALTITUD
La altitud influye sobre tres elementos del clima: la presión, la temperatura y la precipitación. El aumento de la altitud conlleva una disminución de la presión atmosférica, de forma que a unos 5.600 m de altura la presión es la mitad que a nivel del mar.

La temperatura también disminuye con la altitud, en una proporción de 0,65 °C cada cien metros, denominada gradiente térmico. Finalmente, las precipitaciones experimentan un incremento asociado a la altitud, debido a que las masas de aire se enfrían cuando ascienden, lo cual favorece la condensación del vapor de agua.


POSICIÓN GEOGRÁFICA
La posición de un lugar respecto a las grandes masas marítimas y continentales determina las características de las masas de aire predominantes (frías, cálidas, húmedas, secas, etc.). Las masas de agua, al conservar el calor durante mucho tiempo, equilibran la temperatura de las áreas próximas, pero en cambio proporcionan grandes cantidades de vapor de agua a la atmósfera e incrementan la humedad. Por el contrario, las áreas continentales dan lugar a masas de aire secas, pero, como se calientan y pierden el calor con gran rapidez, presentan una mayor oscilación térmica y temperaturas más extremas.

CLASIFICACIÓN CLIMÁTICA


Existe un gran número de clasificaciones del clima, entre las que se encuentra la del meteorólogo alemán de origen ruso Wladimir Köppen (1846-1940), que establece cinco grandes categorías: climas tropicales cálidos y lluviosos; climas secos con precipitación deficiente; climas templados con invierno moderado; climas fríos; y climas polares sin estación de verano. El geomorfólogo estadounidense Arthur Newell Strahler distingue catorce tipos de clima agrupados en cuatro categorías: latitudes bajas, medias y altas, y grandes alturas. Todas ellas comparten el objetivo de delimitar grandes regiones con un determinado régimen térmico y pluviométrico ocasionado por los factores del clima.

CLIMA ECUATORIAL
Se extiende alrededor del ecuador en una franja latitudinal situada entre 10° N y 10° S, donde predomina la convergencia de aire húmedo transportado por los vientos alisios, que produce un violento ascenso del aire y da lugar a lluvias intensas de tipo convectivo. La precipitación media en este tipo de clima es de unos 2.500 mm, aunque en algunas zonas puede llegar hasta los 4.000 mm anuales. La humedad y la nubosidad también son muy elevadas, lo que favorece una abundante vegetación.

La temperatura apenas presenta variaciones durante el año: tanto la media anual como las mensuales se sitúan en torno a 27 °C, con una amplitud térmica anual inferior a 3 °C. En cambio, la oscilación diaria es mucho mayor (alrededor de 10 °C), ya que la temperatura se sitúa por debajo de los 20 °C durante la noche.

Las áreas que presentan este tipo de clima son la Amazonia, el valle del río Congo (África ecuatorial) y el área insular del Sureste asiático (Indonesia y Papúa y Nueva Guinea).


CLIMA TROPICAL HÚMEDO
Corresponde a dos estrechas franjas rodeando al clima ecuatorial, una en cada hemisferio, entre las latitudes 10° y 25°. La temperatura es de unos 27 °C todo el año, con una amplitud térmica anual mayor que en el clima ecuatorial pero inferior a 5 °C.

Durante algunos meses estas regiones se encuentran afectadas por la convergencia ecuatorial, lo que provoca lluvias copiosas, pero el resto del año predominan los vientos alisios. Mientras que los alisios de origen marítimo llegan cargados de humedad y prolongan las lluvias durante todo el año, los de procedencia continental son secos y determinan la existencia de una estación seca. Por esta razón se distinguen dos tipos de clima tropical húmedo.


CLIMA TROPICAL MARÍTIMO
La precipitación supera los 1.000 mm anuales, repartida durante todo el año, lo que da lugar a un clima muy parecido al ecuatorial. Las lluvias son de tipo convectivo y orográfico, ya que el alisio marítimo suele colisionar con relieves montañosos. En muchas islas se produce una disimetría pluviométrica entre la vertiente enfrentada a los alisios, donde la precipitación es abundante, y la ladera de sotavento, en la que llueve mucho menos.

Este clima afecta a las zonas situadas en los márgenes orientales de América Central y América del Sur, el Caribe, Madagascar, África central y occidental, Sureste asiático, Filipinas y nordeste de Australia.


CLIMA TROPICAL CONTINENTAL
Se extiende por el interior de los continentes en áreas tropicales y en las vertientes a sotavento de los alisios, y se caracteriza por presentar una estación lluviosa en verano y otra seca en invierno, debido a la influencia del alisio continental seco o a la desecación del alisio marítimo húmedo tras salvar un relieve importante.

La precipitación media anual oscila entre 600 y 1.500 mm, lo que provoca grandes variaciones interanuales de hasta el 50 % del promedio, que favorecen la sucesión de episodios de sequía e inundaciones. A esta irregularidad se suman la elevada intensidad de las precipitaciones, que reduce la posibilidad de aprovechamiento de las lluvias, y las altas temperaturas, que originan una intensa evaporación. La existencia de una estación seca, cada vez más larga a medida que aumenta la latitud, determina la presencia de una vegetación de sabana, una formación herbácea que adapta su ciclo vegetativo a la falta de agua durante una parte del año.

El clima tropical continental está presente en el oeste de África, Sudáfrica, América del Sur, norte de Australia y Asia sudoriental (India, Bangla Desh, Myanmar). En esta última región, el período lluvioso está dominado por el monzón de verano, razón por la cual el clima tropical continental también recibe el nombre de clima monzónico.


CLIMA ÁRIDO
Ubicado en latitudes tropicales y subtropicales, entre los 15 y los 35° de latitud en ambos hemisferios, es un clima dominado por sistemas de altas presiones, en los que las masas de aire son secas y predomina la estabilidad atmosférica, lo que dificulta la formación de nubes y limita la cantidad total de lluvia.

El clima árido se extiende por las áreas colindantes con los trópicos, donde los anticiclones son más potentes y presentan una precipitación inferior a 400 mm. Los espacios más secos, con menos de 100 mm de lluvia cada año, apenas pueden dar soporte a la vegetación y están ocupados por grandes desiertos. Este clima se extiende por el Sahara, el norte de África, la península de Arabia, gran parte de Australia y algunas zonas de América como el sudoeste de Estados Unidos, el norte de México o el desierto de Atacama en Chile.

Conforme se alejan los centros de acción de los anticiclones la precipitación aumenta, y se forma una corta estación lluviosa que permite el desarrollo de la vegetación de estepa. Este subtipo, denominado clima semiárido o semidesértico, se extiende por el sur de África, el noroeste de India y los márgenes de las áreas desérticas, como espacios de transición hacia climas más húmedos.

A diferencia de los climas ecuatorial y tropical, la temperatura del clima árido registra cambios importantes durante el año, siguiendo las variaciones estacionales de insolación. Durante el verano, cuando el sol alcanza su cenit y permanece sobre el horizonte más de la mitad del día, las temperaturas máximas llegan hasta 40 °C, lo que da lugar a promedios mensuales próximos a 30 °C, mientras que en invierno, cuando la insolación se reduce, la media mensual se sitúa entre 15 y 20 °C.


CLIMA MEDITERRÁNEO
Se extiende por diversas áreas geográficas ubicadas entre 30 y 45° de latitud en ambos hemisferios: cuenca del mar Mediterráneo, costa de California, Chile central, litoral sudoeste de Sudáfrica, en las proximidades de Ciudad de El Cabo, y costa sur y oeste de Australia.

Este clima se caracteriza por ser el único en el que la estación seca coincide con el período más cálido del año, lo que agrava la sequía estival. Durante el verano predominan las masas de aire cálidas y secas, mientras que las altas presiones estabilizan la atmósfera y ocasionan una extrema sequedad durante varios meses. La elevada insolación sitúa la temperatura media de los meses estivales por encima de 25 °C y favorece la formación de tormentas, que no reducen el déficit hídrico.

En invierno, la insolación disminuye y se producen incursiones de aire frío de origen polar, con lo que la temperatura media se sitúa en torno a 10 °C. Simultáneamente, la retirada de las altas presiones favorece la entrada de depresiones y masas de aire húmedas desde el oeste, que aportan precipitación ciclónica.

El promedio de precipitación anual se sitúa entre 400 y 1.000 mm, pero presenta grandes variaciones de un año a otro, de forma que el clima mediterráneo se caracteriza por experimentar largos períodos de sequía y episodios de inundaciones que provocan grandes pérdidas económicas.


CLIMA OCEÁNICO
Domina la fachada occidental de los continentes, en una franja situada entre 40 y 65° de latitud, donde los vientos marítimos del oeste aportan precipitación ciclónica. El promedio anual de lluvias se sitúa por encima de 1.000 mm anuales y, aunque la precipitación es abundante todos los meses, puede distinguirse un máximo en invierno debido a la intensificación de la actividad ciclónica. En las áreas costeras, donde existe un sistema montañoso situado en la dirección de los vientos predominantes, la precipitación orográfica puede incrementar el promedio anual por encima de 2.000 mm, como sucede en la península Escandinava.

Desde el punto de vista térmico es un clima templado, con un promedio de entre 15 y 20 °C en verano y de 5 °C en invierno, relativamente suave si se compara con las áreas situadas en el interior del continente en latitudes similares.

El clima oceánico se extiende por la costa canadiense y del noroeste de Estados Unidos, el litoral de Europa y las islas Británicas, el sudoeste de Australia, Nueva Zelanda y el sur de Chile. La escasez de relieve en la costa occidental de Europa favorece la entrada de las masas de aire húmedas hacia el interior del continente, con lo que las características del clima oceánico se propagan por la mayor parte del territorio europeo.


CLIMA CONTINENTAL
Se localiza en la misma franja de latitud que el clima oceánico pero en el interior de los continentes, donde el alejamiento respecto a la costa reduce el aporte de humedad y el efecto moderador que ejercen las masas de aire marítimas en la temperatura. La principal característica del clima continental es su gran amplitud térmica anual (unos 30 °C) como resultado de una gran diferencia entre las frías temperaturas del invierno, con un promedio incluso inferior a 0 °C, y las más cálidas del verano (entre 20 y 25 °C de media).

La precipitación se sitúa entre 500 y 1.000 mm anuales, distribuida mayoritariamente en verano, bien porque las altas temperaturas caldean la superficie hasta producir inestabilidad atmosférica y permitir la formación de precipitación de tipo convectivo, bien por la entrada de depresiones que dan lugar a precipitaciones ciclónicas. Buena parte de la precipitación invernal es en forma de nieve, debido a las bajas temperaturas.

El clima continental puede encontrarse en el este de Estados Unidos, sudeste de Canadá, Europa central y oriental y norte de China.


CLIMA POLAR
Predomina en latitudes próximas y superiores a los círculos polares, donde la precipitación es escasa, los inviernos largos y muy fríos y los veranos cortos y frescos, con una temperatura media inferior a 10 °C en el mes más cálido. Estas bajas temperaturas son debidas a que la radiación solar alcanza la superficie polar con una gran inclinación, atravesando una capa atmosférica más espesa y repartiéndose por una mayor superficie.

Además, como la superficie polar se encuentra cubierta por nieve y hielo, el porcentaje de radiación reflejada hacia la atmósfera, también denominado albedo, es muy alto, hasta un 80 % de la radiación solar que alcanza la superficie terrestre en esta región se pierde.

Finalmente, el clima polar se caracteriza porque la duración del día varía extraordinariamente durante el año, con largos períodos de total oscuridad y otros en los que el sol no desaparece bajo el horizonte.

En función de la rigurosidad de las temperaturas y la distribución anual de los elementos térmico y pluviométrico se distinguen dos tipos de clima polar.


CLIMA DE TUNDRA
Se extiende por Alaska, Siberia y norte de Canadá, y presenta una temperatura media anual de 10 °C bajo cero y una oscilación térmica anual de unos 25 °C. Los inviernos son largos y rigurosos, alcanzándose temperaturas medias de 25 °C bajo cero, pero puede distinguirse un verano corto y fresco con temperaturas medias de hasta 5 °C durante uno o dos meses. La precipitación media se sitúa entre 100 y 300 mm, con un máximo en verano debido a la entrada de depresiones que proporcionan lluvia de tipo ciclónico.

CLIMA GLACIAL
Es el clima de los territorios de Groenlandia y la Antártida y del océano glaciar Ártico. La temperatura media es inferior a 0 °C durante todo el año, por lo que no puede hablarse de la existencia de verano en este tipo de clima. Durante los meses más fríos se alcanza un promedio próximo a 50 °C bajo cero, y en las zonas de mayor altitud de Groenlandia y la Antártida pueden llegar incluso a medias mensuales de 70 °C bajo cero. Las bajas temperaturas apenas permiten que el aire contenga vapor de agua, razón por la cual la precipitación es escasa, inferior a 100 mm anuales, y en forma de nieve. Sin embargo, ese mismo frío impide que la nieve se funda, lo que favorece su progresiva acumulación en glaciares.

CLIMA DE MONTAÑA
La reducción de presión y temperatura que se producen con la altitud, así como el incremento de precipitación provocado por la presencia de un relieve, dan lugar a un tipo de clima específico para las zonas montañosas, independientemente de la latitud en la que se encuentren situadas.

En general, el aumento de altitud produce un incremento de la precipitación durante los primeros miles de metros, debido a que el relieve fuerza el ascenso de las masas de aire y da lugar a lluvias de tipo orográfico. En latitudes medias, el promedio anual de precipitación se sitúa entre 1.000 y 1.500 mm.

En cuanto a la temperatura, que varía extraordinariamente en función de la altitud, es unos 6,5 °C más baja de promedio por cada 1.000 m sobre el nivel del mar, de manera que en las zonas más elevadas de los relieves más importantes, como el Himalaya o los Alpes, el clima de montaña es similar al clima polar. La amplitud térmica diaria también aumenta con la altitud y alcanza diferencias superiores a 20 °C por encima de los 4.000 m de altitud.


CLIMOGRAMA


Una de las herramientas más útiles para conocer las características climáticas de cualquier lugar de la superficie terrestre, o para compararlas con las de otros, es el climograma, que representa gráficamente la temperatura y la precipitación, los dos elementos principales del clima.

Para la elaboración de un climograma se sitúan los meses del año en el eje de abscisas, mientras que el eje de ordenadas se reserva para los datos de precipitación total mensual, expresada en milímetros, y de temperatura media mensual, en grados centígrados. Los valores mensuales se enlazan mediante una línea de color rojo que une los valores mensuales y la precipitación se representa en barras de color azul. Los valores situados en el eje de ordenadas siguen una escala fija, establecida mediante el índice de Gaussen, de forma que la precipitación equivale al doble de la temperatura. Por ejemplo, un valor de temperatura de 10 °C debe situarse en el climograma a la misma altura que una precipitación media mensual de 20 mm.

Mediante esta equivalencia puede distinguirse el período de aridez que experimenta un determinado lugar, definido por el número de meses en los cuales la curva de temperatura supera los valores de precipitación. Cuanto mayor es la diferencia entre ambos, más acusada es la aridez.

Además, conviene distinguir si el período de aridez se produce durante el invierno, cuando tiene menos repercusión, o durante el verano, cuando las altas temperaturas incrementan la evapotranspiración.

La representación gráfica de las precipitaciones en el climograma hace posible no sólo saber la precipitación total de cada mes, sino también su distribución a lo largo del año, los períodos máximos y mínimos, la existencia o no de una estación seca...

Con respecto a las temperaturas, el climograma permite conocer la media mensual, la distribución de las temperaturas a lo largo del año, los períodos en los que existe probabilidad de heladas (la temperatura media mensual suele ser inferior a 5 °C) o la oscilación térmica anual.

Un climograma permite identificar a qué clima pertenecen los datos en él representados, ya que cada clima tiene unas características específicas de precipitación y temperatura. Así, el clima mediterráneo es el único cuyo período de temperatura máxima coincide con el de precipitación mínima. El climograma también proporciona información sobre la localización del emplazamiento representado. Por ejemplo, la curva de las temperaturas presenta un aspecto de campana en el hemisferio N, indicando un máximo en verano y un mínimo en invierno, mientras que en el hemisferio S la campana está invertida, ya que las temperaturas medias son más altas en verano que en invierno.


 
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