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Comedia, el género de la risa
 
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  El burgués gentilhombre, comedia de Molière, en una puesta en escena de F. Raffinot.

La comedia y la tragedia son los dos grandes géneros dramáticos clásicos; más tarde surgiría el drama, que combina elementos de la una y de la otra. Ambos géneros nacieron del culto dionisíaco, es decir, de las fiestas rituales que se organizaban en la Grecia antigua en honor del dios Dioniso. El nombre mismo del género refiere a su origen, ya que procede de las palabras griegas komos (fiesta) y odos (canto).

Desde la Antigüedad se consideró que la comedia era una forma dramática inferior a la tragedia, razón por la cual su origen no es tan conocido como el de la tragedia. Aunque presenta muchas variantes, la comedia se caracteriza por tres rasgos que, al tiempo que la diferencian de la tragedia, la hacen inferior a esta: la calidad de los personajes, que son de baja extracción social (la tragedia, en cambio, presenta héroes, dioses o príncipes); el desenlace feliz (que en la tragedia es desgraciado) y, por último, el objetivo de provocar la risa del espectador.

En algunas épocas, el término comedia ha tenido un sentido impreciso. Durante la Edad Media europea fue un género poco cultivado, salvo en la forma de la farsa, una suerte de teatro breve, cómico y popular. No obstante, el mismo término se empleaba también para designar obras con final feliz, fueran o no dramáticas, como sucede con la Divina Comedia de Dante. También se utilizó en obras con desenlace trágico: el título original de La Celestina era Comedia de Calisto y Melibea, título que su autor sustituyó por el de Tragicomedia de Calisto y Melibea, más acorde con el final desgraciado de la obra. Asimismo, en el teatro español del Siglo de Oro el término comprendía lo que hoy se llama drama; popularmente ya se aludía con este término a las obras de teatro en general. Lope de Vega, por ejemplo, llamó comedia tanto a Fuenteovejuna, de asunto trágico, como a la humorística La dama boba.


RASGOS DEL GÉNERO CÓMICO
La ley de separación de estilos de la preceptiva clásica pedía una rígida distinción entre el estilo elevado, que correspondía a la tragedia, el estilo medio y el estilo bajo (o humilis), que en principio fue el propio de la comedia y que se corresponde con el hecho de que ésta estuviera reservada a temas y personajes populares. En su Poética, Aristóteles definió el género cómico como "imitación de personas de inferior calidad, pero no de cualquier especie de vicio, sino sólo de lo risible, que es una variante de lo feo. Pues lo risible es un defecto y una fealdad sin dolor ni perjuicio".

La comedia divierte a través de elementos teatrales como el enredo, el ingenio verbal, la ridiculización de situaciones cotidianas, los espacios improbables o incluso fantásticos, la caricaturización de personajes o los giros repentinos de la trama, entre otros recursos. La comedia no suele ir en contra de los valores establecidos, aunque los altera para provocar la risa en el espectador, a veces con intención satírica o moralizadora.


ESTRUCTURA Y TIPOS DE COMEDIA


La comedia es una obra dramática cuyo objetivo es divertir al espectador por medio de personajes ridículos y de los conflictos que pueden surgir entre ellos. El desenlace es feliz, y los personajes y temas reflejan la vida cotidiana. Este último rasgo, como ya se ha dicho, la opuso durante siglos a la tragedia clásica, que se consideraba un género de mayor dignidad que exigía personajes nobles y temas elevados, procedentes de la historia o de la mitología, nunca de la vida cotidiana. En la comedia heroica y en la comedia burlesca, no obstante, aparecían personajes nobles.

LA ESTRUCTURA
La comedia, como la tragedia, consta de tres o cinco actos: tres en el teatro clásico español y cinco en el francés y en el inglés. Hay también piezas más breves, de un solo acto. La estructura interna responde al esquema tripartito: introducción, nudo y desenlace. En la comedia latina, y también en otras variantes, se incluía un prólogo en el que un personaje explicaba el argumento.

La comedia, como otras formas teatrales, parte de una situación de equilibrio que se rompe, originando una situación de crisis que evoluciona hasta llegar a un desenlace y, por tanto, a un nuevo equilibrio. La complicación de la trama y la demora del desenlace despiertan la intriga y favorecen el entretenimiento.


LOS PERSONAJES
Desde los inicios del género, sus personajes se caracterizan por ser ridículos, por encarnar defectos o por ser originales y tener extrañas concepciones de la vida. Su individualidad sirve directamente para la caricatura a partir de defectos físicos, morales o de carácter (comedia de carácter), o bien se utiliza para satirizar costumbres: oficios, profesiones o grupos sociales (comedia de costumbres).

En la comedia predominan los personajes de carácter o los personajes-tipo. Los caracteres son aquellos personajes cuyos rasgos específicos se corresponden con un temperamento, defecto o virtud: el misántropo, el hipócrita o el avaro, por ejemplo.

Determinado teatro cómico presenta estos caracteres estereotipados, dando lugar a personajes-tipo tales como el viejo, el criado o el joven enamorado. Los personajes-tipo, a diferencia de los caracteres, construidos a partir de rasgos individuales y más cercanos a la realidad, suelen estar poco elaborados y ser repetitivos, ya que en ellos se sacrifican rasgos individuales para potenciar los arquetípicos (un rasgo de carácter, una profesión o una situación social). Que el público conozca de antemano los caracteres y los tipos favorece la comicidad de la obra.

A partir de Menandro, autor griego del siglo IV a.C., en la comedia nueva griega aparecieron tipos o caracteres como el soldado fanfarrón (miles gloriosus), el avaro, el misántropo o el cornudo. Posteriormente, de las farsas atelanas de la comedia latina surgieron personajes-tipo tales como Bucco (el fanfarrón), Maccus (el tonto) o Pappus (el ciego avaro). Más tarde, la commedia dell'arte italiana de los siglos XVI y XVII recogió y adaptó estos modelos en sus personajes-tipo: los criados Pierrot y Colombina, el viejo cómico Pantalón, los jóvenes enamorados o el Capitán.


MODALIDADES DEL GÉNERO
A lo largo de la historia, y basándose en diferentes criterios, la comedia ha sido dividida en los siguientes subgéneros:

- La comedia de costumbres: centrada en el ambiente popular, en las diversas clases sociales o en los oficios o profesiones.

- La comedia de caracteres: aporta un análisis psicológico del carácter de los personajes.

- La comedia de enredo o intriga: en ella prima la complicación del asunto conseguida mediante confusiones, conflictos, malentendidos y otros incidentes.

- La comedia sentimental: de finalidad moralizante, quiere conmover al público poniéndolo del lado de los personajes virtuosos. La evolución de este subgénero originó el drama burgués del siglo XIX y el melodrama.

- La comedia heroica: es la que utiliza los temas de la comedia española y en la que aparecen personajes nobles.

- La comedia de magia: se caracteriza por introducir elementos maravillosos (ángeles, duendes, hadas...) que la maquinaria escénica resuelve con espectacularidad.

- La comedia fantástica: sitúa la acción en espacios y épocas lejanos o de carácter exótico.

- La comedia burlesca: es aquella en la que se parodian personajes conocidos o temas u obras literarios.

- La alta comedia: de carácter realista, recogía en el siglo XIX los intereses de la burguesía moderada y desembocó en el siglo XX en la comedia dramática y en la comedia de evasión.

Por último, cabe mencionar aquellos subgéneros que incluyen música y danza, como la comedia ballet, algunas óperas y zarzuelas (el llamado género chico) y la comedia musical.


LA COMEDIA EN LA LITERATURA


Como ya se ha dicho, la comedia nació en Grecia a partir de los coros burlescos de los rituales festivos en honor de Dioniso, que desde inicios del siglo V a.C. fueron considerados celebraciones oficiales.

De estos ritos surgió, en ese mismo siglo, la comedia antigua, en la que destaca Aristófanes, cuyas obras tratan con mordacidad y desenfado aspectos de la vida política y social de su época. Le sigue en importancia la comedia nueva que, con Menandro como autor más importante, satirizaba las costumbres individuales, como ocurre también en la comedia romana de Plauto y Terencio, que sentaron las bases del género.


LA COMEDIA EN LA ANTIGÜEDAD
La comedia griega antigua tenía un enfoque satírico y en ella el público participaba intercambiando chanzas con el coro. Aristófanes estrenó más de cuarenta comedias de estilo agresivo y temática político-social, como Lisístrata, obra en la que atacaba el militarismo, o Las nubes, en la que se burlaba de las nuevas ideas de Sócrates. Tras la comedia antigua vino la comedia media, con sátiras más suaves, que no ha dejado autores de primer orden.

La renovación llegó en el siglo IV a.C. de la mano de Menandro, fundador de la comedia nueva. Sus comedias se parecen ya a las comedias de costumbres occidentales: presentan un análisis psicológico de los personajes más profundo y carecen de coro. En ellas se criticaban costumbres y caracteres, y la trama era más complicada, aunque los temas se simplificaron. Aunque este autor ejerció una gran influencia en la comedia latina, solo se han conservado algunos fragmentos de sus comedias. Se le conoce principalmente por las imitaciones que de él hizo el autor romano Terencio, dos siglos más tarde.

En la comedia latina destacan los comediógrafos Plauto y Terencio. Plauto (254 a.C.-184 a.C.) está considerado como el fundador del teatro latino. Adaptó al contexto romano los temas y modelos de la comedia griega, a la que añadió la tradición burlesca de las farsas atelanas latinas. Fue un autor muy popular, que destacó por la capacidad de provocar la risa del espectador y por la utilización de una lengua viva y coloquial. Algunas de sus obras, como Anfitrión o Aulularia, inspiraron a Shakespeare, a Molière, a la commedia dell'arte y a autores posteriores como Edmond Rostand, George Bernard Shaw o Bertolt Brecht. El otro gran comediógrafo latino, Terencio (190 a.C.-159 a.C.), esclavo liberto del senador Terencio Lucano, adaptó con brillantez obras anteriores y destacó especialmente por la riqueza y perfección de su latín, aunque en su época tuvo menos éxito que Plauto. Entre sus comedias destacan El atormentador de sí mismo (Heautontimoroumenos) y Los hermanos (Adelphoe).


EL TEATRO CÓMICO MEDIEVAL
En la Edad Media predominó el teatro religioso, pero cuando este utilizaba la lengua vulgar, en los entreactos solían aparecer divertimentos de tipo satírico o burlesco: las farsas (cuyo nombre procede del latín farcire, llenar), que servían de relleno del espectáculo religioso principal. Las farsas, relacionadas con el carnaval, eran piezas breves, de humor grueso, protagonizadas por personajes-tipo muy caricaturizados. Estas representaciones hicieron surgir en Europa un teatro popular alejado del espacio de las representaciones religiosas y representado en plazas y mercados. Las farsas medievales fueron importantes para el desarrollo del gran teatro europeo de la Edad Moderna, especialmente porque dieron lugar, en los siglos XVI y XVII, a la commedia dell'arte o comedia italiana, que, basándose en la improvisación y cultivando el espectáculo por encima del texto, creó unos personajes arquetípicos y una modalidad teatral que influyeron en toda Europa.

LA COMEDIA DE LOS SIGLOS XVI Y XVII
En el Renacimiento se cultivó la comedia humanística, primero en latín y después en lengua romance, basada en la comedia latina. Esta comedia humanística está en la base de La Celestina (1499), una de las obras clave de la literatura española. En los siglos XVI y XVII resurgió con fuerza el gusto por la comedia. Además de la commedia dell'arte, que renovó Carlo Goldoni más tarde, en el teatro isabelino inglés destacaron las comedias de William Shakespeare y Ben Jonson, y en España la comedia nueva o española, creada por Lope de Vega y cultivada por autores como Tirso de Molina y Pedro Calderón de la Barca. En Francia, también en el siglo XVII, destacó Molière.

Shakespeare en Inglaterra y Lope de Vega en España dejaron a un lado la preceptiva clásica para ofrecer a un público diverso un teatro que en la actualidad sigue representándose y que tiene todavía mucho que ofrecer. Mientras, en Francia triunfaban los ideales clasicistas que, contrariamente a lo que ocurría en Inglaterra y España, propugnaban la separación de los géneros clásicos.

En estos siglos apareció un teatro cómico: el teatro menor, de piezas breves y humorísticas tales como el paso (de mediados del siglo XVI), el entremés (de los siglos XVI y XVII, y cuyo nombre se debe a que se representaba en los entreactos de la comedia nueva o española) o el sainete (del siglo XVIII). Durante el siglo XIX estas piezas breves se combinaron con la música, dando lugar al género chico.


LA COMEDIA INGLESA: SHAKESPEARE
A finales del siglo XVI, durante el reinado de la reina Isabel I, se produjo un gran desarrollo del teatro en todos sus géneros. Apareció un teatro renovador, como el español coetáneo, que formalmente dejó de lado preceptivas y normas para satisfacer a un público heterogéneo que pedía emoción y diversión. A partir de entonces se complicó la acción de las comedias con intrigas secundarias, se rechazó el límite de tiempo, se mezclaron elementos cómicos y trágicos, y se optó por los frecuentes cambios de lugar de la acción.

En esta época destaca la producción dramática de William Shakespeare (1564-1616). Algunas de sus obras cómicas son comedias de costumbres situadas en ambientes reales, como Las alegres comadres de Windsor; otras, como Mucho ruido y pocas nueces y La comedia de los errores, son comedias de enredo y de asunto amoroso. Destacan, además, las comedias de corte más fantástico, ambientadas en mundos de ensueño poblados de seres mágicos, como Sueño de una noche de verano. La actualidad de las obras dramáticas de Shakespeare es indiscutible; buena muestra de ello son sus frecuentes puestas en escena teatrales y las numerosas versiones cinematográficas de sus obras.


LA COMEDIA ESPAÑOLA: LOPE DE VEGA
Por las mismas fechas en que se vivía la renovación teatral en Inglaterra, Félix Lope de Vega (1562-1635) ofrecía a un heterogéneo público español, perteneciente aún a una sociedad estamental, un nuevo espectáculo, la comedia nueva, que perseguía la diversión y la evasión del espectador. Este nuevo teatro reflejaba todavía un sistema político y social sustentado en la monarquía absoluta, la religión y el respeto a las convenciones sociales imperantes, tales como el concepto de la honra. De esta manera, la comedia nueva proporcionaba diversión y favorecía la cohesión social, porque propiciaba la identificación del espectador con el sistema político y social vigente.

La renovación teatral de Lope de Vega rompía claramente con la tradición anterior, que respetaba la preceptiva clásica. En el Arte nuevo de hacer comedias, un escrito teórico en verso, el dramaturgo expuso con claridad sus nuevas ideas teatrales.

El término comedia comprendía entonces tanto lo que hoy se conoce como drama como la comedia en sentido estricto. Ejemplos de comedias en sentido estricto son La dama boba y El perro del hortelano, de Lope de Vega; Don Gil de las calzas verdes, de Tirso de Molina, y La dama duende, de Calderón de la Barca. Son dramas, en cambio, obras como Fuenteovejuna y El caballero de Olmedo, de Lope; El burlador de Sevilla, de Tirso de Molina, y El alcalde de Zalamea y La vida es sueño, de Calderón.

Contra lo que propugnaba la preceptiva clásica, la renovación teatral supuso la mezcla de elementos graves con rasgos cómicos, en busca de una mayor verosimilitud. El factor cómico aparecía a través de la intervención del personaje del gracioso, que permitía romper en determinados momentos con la intensidad de las escenas más dramáticas. Tampoco se respetaron las unidades de espacio, tiempo y acción que la preceptiva exigía. Las obras constaban de tres actos o jornadas que se ajustaban a la estructura lógica de la narración: exposición, nudo y desenlace. Se favorecía así la intriga, ya que el conflicto no se resolvía hasta llegar a la mitad del tercer acto. La aparición de acciones secundarias además de la principal y el uso de la polimetría –el empleo de versos de distinto metro– son también rasgos característicos de la comedia nueva fundada por Lope.

En general, estas comedias presentaban personajes-tipo que reaparecían en distintas obras. Son frecuentes los papeles del galán, de la dama, del gracioso, del poderoso, del villano o del caballero. La lengua se adaptaba a cada personaje. Los temas eran variados y giraban en torno al amor y al honor; podía tratarse de temas históricos, mitológicos, religiosos, literarios (procedentes de la épica, del romancero o de la novela pastoril) o políticos.

La comedia de capa y espada, que presentaba pendencias entre caballeros, es uno de los subgéneros más importantes de la comedia nueva española. Otro subgénero son las comedias de temas extraídos de la mitología clásica, que se representaban en la corte con importantes recursos escenográficos y acompañamiento de música y danza. También se representaban las comedias de figurón, que caricaturizaban a personajes para ofrecer una visión satírica y burlesca; las pastoriles, que dramatizaban temas de la poesía y la novela pastoriles del siglo XVI, y las de tema religioso, las comedias de enredo y las fantásticas, entre otras.


LA COMEDIA FRANCESA: MOLIÈRE
En Francia, el teatro barroco dominante fue sustituido por otro de corte más clásico hacia 1630. Los motivos de este cambio se debieron al triunfo de unos ideales clasicistas que propugnaron –a diferencia de lo que sucedió en España– la rigurosa separación de los géneros clásicos: tragedia y comedia. Para la comedia, en verso o en prosa, los argumentos se extraían de la tradición clásica y de la vida real, y se creaban caracteres humanos de gran comicidad. Esta comedia tenía una clara finalidad moral: se proponía la corrección de vicios o costumbres sociales considerados impropios.

En esta época, Francia vio emerger al gran comediógrafo Jean-Baptiste Poquelin, más conocido como Molière (1622-1673). Actor y director de su propio teatro, Molière dominó todos los recursos de la escena; se le considera iniciador de la comedia de costumbres moderna y de la comedia de carácter. En sus comedias de costumbres, como Las preciosas ridículas o El médico a palos, puso en evidencia algunos de los vicios sociales de la época, y en comedias de carácter como El avaro, El misántropo o Tartufo creó magistrales encarnaciones de diversos temperamentos o vicios.


LA COMMEDIA DELL'ARTE
La commedia dell'arte es un teatro popular que surgió en Italia entre los siglos XVI y XVII. Se relaciona con las farsas latinas y con las compañías de cómicos que recorrían Italia, Francia y España durante el siglos XVI. En esta comedia se escenificaba un espectáculo que giraba en torno a un guión previo a partir del cual se improvisaban todas las situaciones y los diálogos: la capacidad de improvisación de los actores era fundamental. Los breves guiones de los que se partía eran muy variados y se basaban en el teatro clásico, en parodias del teatro contemporáneo, en cuentos, etc. El espectáculo estaba lleno de sorpresas. Los actores utilizaban máscaras y disfraces, y se daba mucha importancia a la gestualidad y a la mímica. Los personajes de la commedia dell'arte, Pantalón, Arlequín, Colombina y Pierrot, entre otros, eran arquetípicos y siempre se caracterizaban por los mismos rasgos: los viejos, por ejemplo, son antipáticos, y los criados, ingeniosos o simples; además, era fácil identificarlos por su atuendo y su máscara.

Este teatro cómico italiano influyó notablemente en los grandes autores del teatro europeo de los siglos XVII y XVIII, como Shakespeare, Lope de Vega, Molière, Goldoni o Pierre de Marivaux. También ha influido en el teatro europeo contemporáneo: algunos movimientos renovadores del teatro del siglo XX han utilizado recursos escénicos de la commedia dell'arte.


COMEDIA EUROPEA A PARTIR DEL XVIII
La comedia nueva o española siguió cultivándose en España hasta comienzos del siglo XVIII, época en que la influencia de la cultura francesa y de su teatro impulsó a los ilustrados a imitar la comedia francesa, que tenía las características formales de la comedia clásica y cuyas obras pretendían educar a la vez que entretener. Así se refleja en la comedia sentimental que cultivó, entre otros, Gaspar Melchor de Jovellanos, y en la comedia neoclásica de Leandro Fernández de Moratín.

Tras la época del drama romántico, la comedia resurgió a partir de 1850 con la alta comedia. A finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX se encuentran brillantes comediógrafos, como los autores irlandeses Oscar Wilde y George Bernard Shaw o el italiano Luigi Pirandello, autores que dieron a la escena obras tan relevantes como La importancia de llamarse Ernesto (1895), Pigmalión (1912) o Seis personajes en busca de autor (1921), respectivamente. En el siglo XX se dio una fuerte transformación en todos los géneros, incluida la comedia; así, aparecieron formas mixtas en las que lo cómico se combinaba con lo trágico o lo absurdo. Algunos ejemplos en España son las farsas y esperpentos de Ramón María del Valle-Inclán, la tragicomedia grotesca de Carlos Arniches, las farsas de Federico García Lorca o el teatro de Miguel Mihura.

Por otra parte, el dramaturgo francés Alfred Jarry, considerado el creador del teatro del absurdo, renovó el teatro europeo con su obra Ubú rey (1896). Jarry consideraba que el teatro debía ser, como en su origen, una fiesta ciudadana, razón por la cual recuperó los elementos fabulosos, los personajes-títere, lo grotesco o la música, ingredientes que originaron una comicidad nueva, alejada de la tradición clásica y próxima a la de las fiestas carnavalescas y satíricas, en estrecho contacto con el público y con la intención de provocarlo. Son rasgos que recogen Bertolt Brecht, Samuel Beckett, Dario Fo, Fernando Arrabal o los happenings.


 
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