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Lenguas amerindias, los orígenes del habla americana
 
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 LENGUAS AMERINDIAS Imprimir Enviar Guardar
 
  Mujeres indígenas con sus hijos en una plaza de San Cristóbal de las Casas, Chiapas (México).
Las lenguas amerindias son las lenguas de los primeros pobladores de América, de los pueblos amerindios, que, provenientes de Asia, atravesaron el estrecho de Bering y ocuparon el continente americano. El término genérico con que se designa a estos pueblos y a sus lenguas no es en absoluto el más apropiado, puesto que, como se sabe, el nombre de América tiene su origen en el de Américo Vespucio y a los habitantes del continente se les llamó indios por error, debido a que Cristóbal Colón creyó haber encontrado una nueva ruta hacia la India. A pesar de su imprecisión, este término es útil para distinguir las primeras lenguas que se hablaron en América de las de origen europeo que posteriormente se fueron extendiendo por el continente y que, en la actualidad, son lenguas oficiales en los países americanos.

Es difícil precisar cuántas lenguas amerindias se hablan en la actualidad, en parte debido a la dificultad que existe para delimitar lenguas distintas, pero también a causa del desconocimiento de muchas de ellas, especialmente de las de la Amazonia, y de su precariedad. Con las precauciones que estas limitaciones imponen, se calcula que aún se hablan unas 750 lenguas amerindias, algunas de ellas con millones de hablantes y otras con tan solo uno.

Es un hecho constatado que, a partir de la colonización, muchas lenguas amerindias fueron desapareciendo; se cree que, en los primeros años del contacto con los europeos, corrieron esa suerte más de la mitad de las lenguas que se hablaban en el continente. Esta suposición no es sorprendente teniendo en cuenta que, de una población amerindia de más de 70 millones en 1492, se pasó a una de 3,5 millones en 1650. En la actualidad, casi todas las lenguas amerindias que siguen vivas están en serio peligro de extinción. Afortunadamente, muchas comunidades están reaccionando y trabajan por la recuperación de sus lenguas.


DISTRIBUCIÓN GEOGRÁFICA
A grandes rasgos, se pueden distinguir en el continente americano las siguientes zonas lingüísticas:

-Canadá y Estados Unidos: En estos dos países se hablan aún unas 180 lenguas amerindias, de las cuales se cree que unas 150 van a desaparecer en el primer cuarto del siglo XXI. Solo el navajo supera los 100.000 hablantes, y algunas como el apache, el cherokee, el cree, el dakota o el ojibwa tienen entre 10.000 y 50.000 hablantes. En Canadá quedan hablantes de aleutiano, lengua que también se habla en Siberia y que es, por tanto, el último nexo lingüístico entre las lenguas originales de Asia y América.

-México: Con más de 200 lenguas amerindias habladas por el 6,5 % de la población, es uno de los países con mayor diversidad lingüística del mundo. Las lenguas amerindias de México más habladas son el náhuatl y el maya. El náhuatl, que cuenta con más de 1,5 millones de hablantes en la actualidad, era la lengua del Imperio azteca, que fue destruido poco después de la llegada de Hernán Cortés a México. El maya (o maya yucateco) tiene unos 800.000 hablantes en México. Las lenguas mayas se hablan también en América Central, pues la civilización maya se extendía desde México hasta los actuales territorios de Belice, Guatemala, Honduras y El Salvador, y en el momento de la colonización, su cultura estaba enormemente desarrollada. Los mayas utilizaban una escritura jeroglífica que, a causa de la destrucción de sus textos, aún no ha podido ser totalmente descifrada.

-El mar de las Antillas: En esta zona se produjo el primer encuentro de la población amerindia con los europeos y, muy probablemente, por eso en los países de las islas que rodean este mar (Bahamas, Cuba, Jamaica, la República Dominicana, Puerto Rico, etc.) ya no se habla ninguna lengua amerindia. De las lenguas de esta zona solo se conservan algunas palabras que primero se incorporaron al español y después, a partir de él, a muchas otras lenguas del mundo.

-América Central: En Belice, Honduras, El Salvador y Guatemala se hablan lenguas mayas, especialmente en este último país, donde el 50 % de la población es hablante de alguna de estas lenguas. En el resto, el porcentaje de población que aún habla lenguas amerindias es muy reducido y, con la excepción de Belice (19 %) y Panamá (7 %), no supera el 4 %. Además de las mayas, las lenguas amerindias más habladas en esta zona son el garífuna, con 100.000 hablantes repartidos en varios países; el kekchí, con unos 300.000; el misquito, con aproximadamente 160.000, casi todos en Nicaragua; el kuna, hablado sobre todo en Panamá, con unos 50.000, y el bribri, en Costa Rica, con alrededor de 6.000.

-América del Sur: En el subcontinente sudamericano los mayores índices de diversidad lingüística se encuentran en la Amazonia y los Andes, que son precisamente las zonas de más difícil acceso. A grandes rasgos, se puede afirmar que el porcentaje de hablantes de lenguas amerindias va en aumento desde la costa hacia el interior del continente; así, la distribución de estas lenguas en los distintos países varía desde el caso de Paraguay, donde el 95 % de la población habla guaraní, hasta el de Uruguay, único país del subcontinente americano donde no se habla ninguna lengua amerindia. Entre los países de la costa del Pacífico, con porcentajes muy bajos de hablantes de lenguas amerindias en todos ellos, destacan Colombia, con más de 50 de estas lenguas, y Venezuela, con unas 30, una de las cuales, el guajiro, cuenta con unos 300.000 hablantes repartidos entre su territorio y el de Colombia. En Guyana, Surinam y Guayana Francesa perviven unas 15 lenguas amerindias, todas ellas con muy pocos hablantes, la mayoría con menos de 1.000. Brasil es un país enorme con más de 190 millones de habitantes, de los cuales unos 200.000 hablan alguna de las 170 lenguas amerindias que allí se conservan, casi todas localizadas en la Amazonia; aun siendo uno de los países del mundo con mayor cantidad de lenguas, la mayoría están amenazadas debido al reducido número de hablantes con que cuenta cada una de ellas. También las lenguas amerindias que se hablan en Chile están en peligro, tal vez con la excepción del mapudungun (mapuche), que cuenta con unos 200.000 hablantes. Chile es un nombre araucano que significa fin de la tierra, igual que el topónimo gallego Finisterre. Por su parte, Argentina cuenta con más de un millón de hablantes de lenguas amerindias; tanto el nombre de La Pampa como el de los gauchos son de origen quechua. Paraguay, Bolivia, Perú y Ecuador son los países del subcontinente donde mejor se han preservado las lenguas amerindias; en Perú y en Ecuador, un 20 % de la población habla alguna de estas lenguas, la más extendida de las cuales es el quechua, la lengua del Imperio inca, que actualmente es hablada por varios millones de personas. El quechua también está presente en Bolivia, país que cuenta, además, con unos dos millones de hablantes de aymara y donde el 60 % de la población habla alguna lengua amerindia. Finalmente, en Paraguay, el 95 % de la población habla guaraní, su lengua oficial junto al español, además de otras 12 lenguas amerindias.


LA HERENCIA AMERINDIA EN EL ESPAÑOL


Como muestra de las aportaciones de estos pueblos, cabe mencionar algunas de las palabras del español que provienen de lenguas amerindias. Del inuit, la lengua de los esquimales, ha llegado anorak, y de las lenguas algonquinas de Canadá, mocasín y tobogán. Tipi es una palabra dakota y tótem una palabra ojibwa. Del maya procede cigarro, y del náhuatl, aguacate, cacahuate o cacahuete, cacao, chicle, chocolate, hule, petaca, petate, tiza, tomate y muchas más. El taíno fue la primera lengua que oyó Colón cuando llegó a América, lengua que ya ha desaparecido pero que dejó algunas palabras: cacique, caoba, hamaca, huracán, patata y sabana, entre otras. Del arahuaco, una lengua muy cercana al taíno y también desaparecida, quedaron barbacoa, canoa o iguana. De otras lenguas ya extinguidas del Caribe proceden boniato, colibrí, guasa, guateque, loro y piragua, entre otras. Del cumanagoto, una de las lenguas extinguidas de Venezuela, llegaron butaca y mico, y de alguna lengua de Guyana, marabunta. El quechua, además de las ya mencionadas pampa y gaucho, ha dejado cancha, carpa, cóndor, llama, mate, puma, vicuña y muchas más. De origen aymara son alpaca, cayo, coca y macuto. Del tupí-guaraní, otro gran grupo de lenguas habladas en Brasil y Paraguay, han llegado cobaya, jaguar, mandioca, maraca, ñandú, petunia, tapioca y tapir. Finalmente, el tehuelche, una lengua de Argentina de la que no queda casi ningún hablante, ha legado la palabra poncho.

LENGUAS AMERINDIAS Y LINGÜÍSTICA


El estudio de las lenguas amerindias ha sido muy importante para el desarrollo de la lingüística general. Ya en los primeros trabajos se desarrollaron nociones como la de parentesco lingüístico, acuñada por primera vez por Jonathan Edwards jr., hablante nativo de mohicano, y que, unida a la de protolengua, forman el núcleo de lo que posteriormente se conocerá como lingüística histórica. La observación de los parecidos entre las distintas lenguas mayas, por ejemplo, llevó al misionero dominicano Francisco Ximénez a la conclusión de que en estas lenguas se había producido un fenómeno parecido al que habían experimentado las lenguas románicas a partir del latín. Aun cuando estas nociones no se incorporaron de manera definitiva a la lingüística hasta finales del siglo XVIII, se desarrollaron previamente en los estudios de lingüística amerindia. También la clasificación genética de las lenguas basada en los parecidos de forma y significado en el léxico, método que posteriormente se ha aplicado a casi todas las familias lingüísticas, se inició con los intentos de clasificación de las lenguas amerindias de América del Norte.

El nacimiento de la antropología lingüística como una rama autónoma de la lingüística también tiene su origen en el estudio de las lenguas amerindias, cuyos especialistas constataron que la antropología era tan imprescindible para el conocimiento de las lenguas como la lingüística para el conocimiento de las culturas. Americanistas como John Wesley Powell, el primero en utilizar el término antropología lingüística, Franz Boas, el auténtico impulsor de la disciplina, o Edward Sapir, uno de los grandes lingüistas del siglo XX, fueron los que sentaron las bases del estudio de la relación del lenguaje y la cultura, que posteriormente se ha desarrollado sobre todas las familias lingüísticas.

En cuanto a la lingüística teórica, el conocimiento de las lenguas amerindias permitió desarrollar el concepto de lengua incorporante o polisintética, un tipo morfológico que también se da en otras lenguas, como las australianas. Sin duda, la mayor aportación del estudio de las lenguas amerindias a la lingüística teórica fue el desarrollo del llamado distribucionalismo, término creado por Leonard Bloomfield con el que se conoce el estructuralismo americano y que está en la base del gran desarrollo de la lingüística en el siglo XX.


 
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